"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC


sábado, 18 de agosto de 2012

Dicotomía

Doce y media de la noche en Cuenca. Termino de ver The Rafle, una película francesa que me dejó seca de lágrimas.
Sola en una habitación de cuatro camas, la tenue luz del velador y silencio, un silencio profundo, que cala los huesos tanto más que el frío serrano del lugar. El hostel está prácticamente deshabitado y ya apagaron todas las luces.
De golpe el vacío. Estoy sola, lejos de mis quereres. Sola y rodeada de un sin fin de olores, colores y flores.
¿Que será de esta soledad mañana?. Nunca tan perdida y tan poderosa al mismo tiempo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Re-construirse


Mirarse al espejo puede resultar más que un acto narcisista. A veces, resulta en un acto de enfrentamiento con uno mismo, una batalla con indicios de mortalidad.

Me miro y asumo con pesar que me encuentro presa de la lucha hologramática con mi reflejo, anhelos de un pasado distinto que brotan desde las entrañas.

Me miro y eligo ser lo que soy y lo que no soy. Intento reconstruirme explorando nuevos caminos, estímulos mundanos que me hagan sentir, que dejen salir.

Siguiendo rústicamente la dialéctica de Hegel digo, acá estoy, esto es lo que soy; Acá no estoy, no soy lo que quiero ser. Acá no quiero no ser lo que no soy. Descubrir-nos, negar-nos, reconstruir-nos.

Me pregunto si el proceso de florecer aquello que se encontraba perdido en las napas subterráneas será cuestión de ponerle parches al asunto, atarlo con alambre, como dirían algunos, o deba implosionar el edificio para construirlo de nuevo.

Pero como inmolarse no es una buena opción hago espacio. Como si acomodara los muebles de forma estratégica para que logre entrar uno nuevo en una habitación. Muevo piezas, armo el tetris de mi vida. Y mientras tanto, quedan agujeros, y miles de opciones diversas para taparlos. Algunos elementos cuadran mejor que otros, ninguno es perfecto, la bondad del mundo descartable nos deja cambiarlos cuando lo decidamos.

Me miro una y otra vez en el espejo, busco distorsionar la imagen.

viernes, 3 de agosto de 2012

Seré lo que quiera ser


Estar de viaje te pone mucha gente en el camino. Y sin dudas a cada nueva persona conocida se reproduce un discurso mas o menos reiterado. En principio y como para romper el hielo, la carta de presentación versa sobre determinados tópicos, nacionalidad, tiempo de viaje y profesión.
Y con la profesión vienen asociadas las explicaciones. Explicaciones que debo darle a todo aquel que asegura que mi perfil, en principio, no es el de contadora.
Y es que estamos seteados para creer que el ser viene enarbolado con diplomas, que la vida es una serie de pasos concatenados en el que uno nace, crece, estudia, y dedica su vida al perfecionamiento de un conjunto de herramientas que nos tiraron en la cara un grupo de honorables catedráticos.
Hace tiempo que creo que la vocación es totalmente independiente de la formación que uno elige, aún con los mayores esfuerzos de racionalidad que puede realizar un adolescente de 17 años.
La vocación trasciende cualquier explicación, es tan profunda que se siente, no se puede explicar. La vocación, el sentir, el transmitir, el soñar son aquellas cosas que definen al ser.
La profesión pesa, sobre todo en un sistema que nos impulsa a pasar la mayor parte del tiempo transpirando hasta la última gota de sudor para salir adelante, que nos hace creer que un papel con un título es la garantía para "ser alguien".
No me opongo a la educación, todo lo contrario. Disfruto de seguir sumando herramientas en mi mochila. Pero cada día siento más fuerte la sensación de que nada de todo aquello condicionará mis ganas de hacer lo que quiera. Aún cuando ello implique no poner en práctica casi nada de lo aprendido en determinado momento de la vida.
Entonces durante el viaje sigo acrecentado mi curriculum vitae. Fui mesera, vendí fotos y trufas en la calle. Saqué fotos en restaurants, y todo ello me hace ser, es parte de lo que soy, aunque no guarde correlato con lo que dice mi diploma que soy. Porque ser es sentir, es buscar, crear, soñar, pensar, trabajar, transmitir. Ser estar en movimiento. No importa cómo, mientras ello venga ligado a la entrañable búsqueda de la felicidad.
Al principio, me molestaba que la primer pregunta que me hacían todos aquellos que me conocían fuera ¿a qué te dedicas?, como si ello diera cuenta en gran parte de quien era. Ahora les contesto, me dedico a intentar ser feliz.