"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC


sábado, 18 de agosto de 2012

Dicotomía

Doce y media de la noche en Cuenca. Termino de ver The Rafle, una película francesa que me dejó seca de lágrimas.
Sola en una habitación de cuatro camas, la tenue luz del velador y silencio, un silencio profundo, que cala los huesos tanto más que el frío serrano del lugar. El hostel está prácticamente deshabitado y ya apagaron todas las luces.
De golpe el vacío. Estoy sola, lejos de mis quereres. Sola y rodeada de un sin fin de olores, colores y flores.
¿Que será de esta soledad mañana?. Nunca tan perdida y tan poderosa al mismo tiempo.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Re-construirse


Mirarse al espejo puede resultar más que un acto narcisista. A veces, resulta en un acto de enfrentamiento con uno mismo, una batalla con indicios de mortalidad.

Me miro y asumo con pesar que me encuentro presa de la lucha hologramática con mi reflejo, anhelos de un pasado distinto que brotan desde las entrañas.

Me miro y eligo ser lo que soy y lo que no soy. Intento reconstruirme explorando nuevos caminos, estímulos mundanos que me hagan sentir, que dejen salir.

Siguiendo rústicamente la dialéctica de Hegel digo, acá estoy, esto es lo que soy; Acá no estoy, no soy lo que quiero ser. Acá no quiero no ser lo que no soy. Descubrir-nos, negar-nos, reconstruir-nos.

Me pregunto si el proceso de florecer aquello que se encontraba perdido en las napas subterráneas será cuestión de ponerle parches al asunto, atarlo con alambre, como dirían algunos, o deba implosionar el edificio para construirlo de nuevo.

Pero como inmolarse no es una buena opción hago espacio. Como si acomodara los muebles de forma estratégica para que logre entrar uno nuevo en una habitación. Muevo piezas, armo el tetris de mi vida. Y mientras tanto, quedan agujeros, y miles de opciones diversas para taparlos. Algunos elementos cuadran mejor que otros, ninguno es perfecto, la bondad del mundo descartable nos deja cambiarlos cuando lo decidamos.

Me miro una y otra vez en el espejo, busco distorsionar la imagen.

viernes, 3 de agosto de 2012

Seré lo que quiera ser


Estar de viaje te pone mucha gente en el camino. Y sin dudas a cada nueva persona conocida se reproduce un discurso mas o menos reiterado. En principio y como para romper el hielo, la carta de presentación versa sobre determinados tópicos, nacionalidad, tiempo de viaje y profesión.
Y con la profesión vienen asociadas las explicaciones. Explicaciones que debo darle a todo aquel que asegura que mi perfil, en principio, no es el de contadora.
Y es que estamos seteados para creer que el ser viene enarbolado con diplomas, que la vida es una serie de pasos concatenados en el que uno nace, crece, estudia, y dedica su vida al perfecionamiento de un conjunto de herramientas que nos tiraron en la cara un grupo de honorables catedráticos.
Hace tiempo que creo que la vocación es totalmente independiente de la formación que uno elige, aún con los mayores esfuerzos de racionalidad que puede realizar un adolescente de 17 años.
La vocación trasciende cualquier explicación, es tan profunda que se siente, no se puede explicar. La vocación, el sentir, el transmitir, el soñar son aquellas cosas que definen al ser.
La profesión pesa, sobre todo en un sistema que nos impulsa a pasar la mayor parte del tiempo transpirando hasta la última gota de sudor para salir adelante, que nos hace creer que un papel con un título es la garantía para "ser alguien".
No me opongo a la educación, todo lo contrario. Disfruto de seguir sumando herramientas en mi mochila. Pero cada día siento más fuerte la sensación de que nada de todo aquello condicionará mis ganas de hacer lo que quiera. Aún cuando ello implique no poner en práctica casi nada de lo aprendido en determinado momento de la vida.
Entonces durante el viaje sigo acrecentado mi curriculum vitae. Fui mesera, vendí fotos y trufas en la calle. Saqué fotos en restaurants, y todo ello me hace ser, es parte de lo que soy, aunque no guarde correlato con lo que dice mi diploma que soy. Porque ser es sentir, es buscar, crear, soñar, pensar, trabajar, transmitir. Ser estar en movimiento. No importa cómo, mientras ello venga ligado a la entrañable búsqueda de la felicidad.
Al principio, me molestaba que la primer pregunta que me hacían todos aquellos que me conocían fuera ¿a qué te dedicas?, como si ello diera cuenta en gran parte de quien era. Ahora les contesto, me dedico a intentar ser feliz.

miércoles, 18 de julio de 2012

Las cosas no son lo que aparentan

Hace unos días, llegó al hostel un contingente de colombianos en plan de vacaciones. El grupo de caleños, con la salsa en la sangre, arremetieron con Máncora y se encargaron de hacer de sus noches un continuo de fiestas alocadas.

Dentro del grupo, un personaje destacado, perfil de engominado y de don juan. De esos que buscan llevarse las luces de las cámaras y dejan en un segundo plano a todo aquel que lo rodea.

Y como no estamos lejos de los estereotipos, este personaje Chayanezco cayó en principio, en la lupa del contingente de argentinos que gozan del más profundo perfil musical de viajero hippie.

Un día, rodeados por un fogón que acompañó nuestros más dulces sueños en una noche de playa inmaculado, este personaje logró cautivarnos con su historia sobre cómo la meditación en horarios en los que se practica la brujería lo había llevado a tener que pelear con los demonios mas hijoeputas que habitan los infiernos.

Si la historia era verdad o mentira, no importaba, a través de una oratoria, desmedidamente buena, sin titubear, llena de contenido teórico y captando una vez más la atención del público presente, este personaje que graba clips de video melódico vestido de traje y con una vincha en la cabeza, demostró que hay mucho más allá de lo que se ve.

Explicó batallas contra Belsebú, Satanas y otras tantas legiones de demonios que habitan los reinos oscuros. Describió fantásticamente el exorcismo al que había sido sometido y cómo le habían sellado todos sus mantras energéticos. Relató como había solicitado a su Dios y a su Diablo que hicieran las paces, dejándolo libre de interceder en sus luchas.

Si bien, su relato se enarbola tras una religión, muchas de las cosas que "predicó" pueden apreciarse desde otras perspectivas. Me encontré una vez más con una nueva verdad, su verdad. Y en su verdad y su concepción de las cosas una frase "la única forma de pelear contra los demonios es perder el miedo, conectarse con la fuente, con lo que hay en uno mismo"

Esperar lo inesperado

Domingo cuatro de la tarde. El sol raja la tierra. Una única misión. Vender las benditas fotos que tenía postergadas en el cajón.

Varios fueron los motivos que acompañaron la decisión. Motivos totalmente diversos que acompañaron la iniciativa.

Por un lado, la obligada firma del retiro voluntario como mesera en el restaurant de comida mexicana. Por el otro, Alex y Sabrina, dos franceses que habiendo preparado crepes para vender en la playa, habían logrado un éxito rotundo de ventas en veinte minutos. Finalmente, Martín y Maru, dos compatriotas que viajan en combi haciendo radio y que me dieron el aliento necesario, cual hinchada que aviva a su equipo antes de salir a la cancha.

Mientras iba hacia la playa, sentía el calor, la presión, los gritos de la hinchada. Y muchos pensamientos ¿estás segura de hacer esto? ¿y si no les gusta? ¿que digo? ¿ cómo encaro al desinteresado público de playa?.

De pronto mis pies rozaron la arena. Frío, ansiedad, angustia, miedo. Tragué saliva y recorrí la playa. Los resultados, nefastos. Ni una puta venta. Aunque considerando la poca gente en la playa y lo rápido que me frustré por no haber logrado lo esperado, podría darle una segunda chance.
Las postales quedaron intactas pero surgieron otras cosas, que evitaron que tuviera tiempo de largarme a llorar desconsoladamente como un bebé. Cómo pasó, es anecdótico, pero sintéticamente, terminé obteniendo dos laburos. Uno, con las postales, pero para un local de Máncora, a pedido. Otro para sacar unas fotos a un local y armarles un facebook.

De golpe, el pequeño abanico de posibilidades que visualizaba, se abrió en diez mil pedazos. Aprendí que las fotos se venden mejor en el paseo de artesanos, en dónde la gente está en actitud de compra, que la playa el hit son los productos comestibles ysobre todo, cuando hay disposición, las cosas llegan.

La vida y como se gestan los caminos,dependen de una serie de hechos articulados que se suceden de manera misteriosa y que si estamos lo suficientemente dispuestos, nos sorprenden sin más.

Lo único importante es salir a buscar, no importa qué ni cómo. Simplemente salir. Aprovechar las oportunidades del mundo, ir atando cabos. Estar atentos. Vivir cada una de las dudas. Es en esas vivencia en donde encontraremos las respuestas. Se trata de luchar contra nuestros propios demonios para llegar cada vez más lejos. Para llegar a lugares inóspitos.

sábado, 14 de julio de 2012

Si seulement je pouvais savoir


De acuerdo al calendario gregoriano, hoy se cumple el trimesario de mi viaje. Me pregunto si eso lo convierte en un hecho digno de celebrar.
Para seguir con la trilogía y jugar con la numerología, hace tres semanas que estoy en Máncora.
Entonces mi número es el tres. San Cono en la Quiniela. Santo Protector de los jugadores. Me pregunto que significado tendrá todo esto.
Sin dudas el viaje tiene cierta lúdica encubierta. La vida es una tómbola diría un filósofo contemporáneo. Recorro el tablero del gran juego de la vida atada a la suerte de quien maneja los dados de mis pasos.
Máncora me dio la posibilidad de bajar las revoluciones del trajín de un viaje que venía a diez mil kilómetros por hora y como para promediar una velocidad crucero, me pasé para el otro lado y me instalé en un pueblo a orillas del pacífico.
Conseguí un trabajo de mesera en un restaurant mexicano en donde aprendí el arte de cargar bandejas, atender comensales demandantes, preparar extractos de maracuyá, limpiar heladeras industriales y de yapa, refregar servicios higiénicos. Eso me mantenía entretenida y cubría mis gastos además de dejarme alguna moneda para financiar mi próximo pasaje.
Luego de unos días, me vi obligada a firmar el retiro voluntario sin indemnización debido a que la temporada viene más tranquila de lo proyectado y mantener una mesera adicional genera costos imposibles de cubrir con al escasa demanda.
Esto, que era la excusa perfecta para mantener a mi cabeza alejada de mis demandas internas mientras esperaba la llegada de una amiga del alma, se vio boicoteado por el receso en la actividad laboral y me puso enfrente de mi misma una vez mas.
Yo con todos mis miedos e inseguridades. Yo conmigo misma. Por primera vez me sentí sola, aún cuando vi mucha gente pasar por el hostel durante este último tiempo. Sin la mano cálida de algún bien entendedido de mis estados emocionales y mi funcionamiento interno. Necesité una palmada en la espalda, una palabra de aliento. Los fantasmas de los logros no cumplidos se pusieron nuevamente a la orden del día.
Contra los momentos de desazón que nuestra cabeza crea y hace fluir como el torrente sanguíneo hay poco que hacer. Sólo dejarlos pasar. Y pasan, sin dudas. Se ponen a un costado y se sigue adelante. Y cada estímulo, cada cosa, cada vez, es un volver a empezar.
Y entonces nuevamente me pregunto, que mon avenir?. Si seulement je pouvais savoir.

jueves, 28 de junio de 2012

De balances y balanzas. Máncora

El balance nos mantiene estables. Con un kilo de plomo de un lado y un kilo de plumas del otro nos garantizamos la estabilidad emocional. Anverso y reverso en armonía.

Siempre me costó encontrar el balance. Un poco de contexto y un poco de genética expresada en un temple verborrágico han boicoteado mis reiterados intentos por mantener la calma del espíritu.

En sucesivas ocasiones me pregunté si el equilibrio no es más que el resultado fugaz (fugacísimo, si es que existe dicho superlativo) del constante ir y venir del caos, de un caos capaz de generar los verdaderos cambios. De un caos que en su arremetedor avance, genera sucesivos puntos de inflexión. No me sorprende que los grandes hitos históricos, los grandes cambios, provengan siempre de grandes revoluciones, sangre derramada, para bien o para mal.

Y entonces el equilibrio se encajona entre dos frases antagónicas popularmente conocidas como "después de la tormenta siempre llega la calma" y "la calma que antecede a la tormenta". Por algún motivo no podemos definir una verdad universal al respecto (y aunque como las brujas, creo que las verdades universales no existen, hemos establecido algunas convenciones que así nos lo hacen creer y entonces que las hay, las hay).

Contra el caos, nada podemos hacer, es el gran regidor del universo. Se erige despóticamente sobre cada una de nuestras voluntades que luchan constantemente por eximirse de él.

Este caos existe y debemos conformarnos con las migajas de momentos cuasi subrreales de tranquilidad. La pregunta entonces es ¿como lo transitamos?. Nuestra redención depende de la pequeña cuota de voluntad que nos ha sido otorgada. Quien quiera encontrar el equilibrio deberá conformarse con estar en constante puja con las fuerzas sobrenaturales del caos o, guardarse en una cajita presurizada.

No queda otra cuestión que asumirlo, transitarlo, abrazar su capacidad generadora y gozar de los efímeros momentos de estabilidad, precaria estabilidad.

viernes, 22 de junio de 2012

Geografías y amores. Chachapoyas

Chachapoyas se ubica en la región de la amazonia peruana, aunque si bien de densa vegetación y excesiva humedad, es la zona donde las sierras centrales terminan y comienza la verdadera selva. Esto lo convierte en un lugar bastante particular en lo que a clima y geografía respecta.
En Chachapoyas tuve la suerte de recorrer bastante en unos dias qe resultaron de extensas caminatas.
Kuelap, por un lado, vestigios de civilizaciones pre incas que no dejan de sorprenderme con sus increíbles habilidades de hidráulica, construcción, ingeniería y sobre todo de espiritualidad. Por otro lado Gocta, dos cascadas de 700 metros de altura que sin dudas no sorprenden a quienes conocemos las Cataratas del Iguazú pero con una caminata que definitivamente vale la pena.
Finalmente Quiocta y Karajías. Las primeras, unas cavernas en donde el agua ha esculpido inmesidad de formas a través de la formación de estalagtitas y estalagmitas de más de tres metros de altura (si consideramos que una de estas crece un centímetro cada 100 años promedio, se trata de cavernas longevas dignas de respetar). Los segundos son unos sarcófagos bien puestos en una montaña empinada que así hubieran sido colocados para el turimo, no puedo imaginarme como llegaron allí.
Para coronar mi estadía en Chachapoyas conozco a Jairo. Una persona única y llena de alegría. Jairo es un lugareño que nos acompañó hasta los sarcofagos. Habia algo en él, tenía un brillo especial en los ojos, una sonrisa con ventanas y las mejillas gordas y curtidas por el sol.
Observé que me miraba y tomando la iniciativa le pregunto -¿tenes novia?-, ¿qué?, me repregunta, -si tenés enamorada- (todavia hay palabras que aun olvido son distintas). -No-, contesta, -¿y no queres ser mi enamorado?- le pregunto. Negativa. Permanecimos un rato alli y antes de irnos lo miro a los ojos y le digo -estoy triste porque no queres ser mi enamorado-. Me miró y se sonrió (sus mejillas ya estaban lo suficientemente curtidas como para darme cuenta si se habia sonrojado) sus amigos reían. Me tomo de la mano como buscando remediar su desplate y me escoloto todo el camino de vuelta asegurandose de que no me sintiera cansada. Me prometió que esperaria a crecer y luego iria a visitarme. Jairo tiene seis y una sonrisa constante, una energía incontenible y una caballerosidad que no le entra en sus escasos centrimetros de altura. Me regaló miles de besos y nos despedimos. Quizás cuando crezca sea distinto del resto, aunque esto simplemente es una expresión de deseo.

La gente brota por doquier. Chachapoyas

Lo bueno de viajar en bus durante tantas horas es poder disfrutar de distintas geografías. mientras una anda, paisajes y pueblos se erigen a la vera del camino. A veces estos pueblos son tan pequeños que uno llega a contar las casas mientras el bus los deja atrás.

En estos pueblos, el amor o el instinto, hacen brotar nuevas vidas. Almas que viven con mucho menos de lo que "los civilizados" estamos a acostumbrados a tener. Almas que nacen con el privilegio de contemplar miles de estrellas y que ponen el cuidado de sus días en manos de los apus.

Valorar las estrellas es una de nuestras mayores cualidades, nacidos en ciudades cuyas luces se pierden y confunden entre los astros tapados por densas nubes de smog, jamás podremos ver el despliegue de semejante espectaculo en la selva de cemento.

Me pregunto si eso, que es de alguna manera objeto de nuestra envidia, no es para ellos mas que un escenario, una verdad otorgada que se encuentra allí, de manera estática y casi invisible ante sus ojos.

Porque aún cuando el destino se hubiera encargado de hacernos nacer en aquel lugar que consideramos el más encantador del mundo ¿podríamos valorarlo tanto si fuese lo único que conocemos?.

Quienes han nacido en lugares en donde la naturaleza te saca el aire, son sin duda privilegiados. Tienen el privilegio de no conocer la mierda de la gran ciudad, pero de algun modo carecen de la capacidad de elección. Han brotado allí, como brota una semilla en tierra fértil y muchos de ellos morirán allí, cerrando el ciclo de manera perfecta, formando uno con el paisaje, para siempre.

Si serán mas o menos felices de quienes hemos tenido el mal designio de haber nacido en estas selvas de cemento, no lo sabemos. Lo que es casi seguro es que no tengan la posibilidad de elegir vias alternativas de felicidad.

Serán felices por lo que les ha sido otorgado, por haber sido puestos en lugares alejados de la envidia y la ley de la supervivencia del mas apto, pero será una felicidad sin elección. Vivirán su vida tal como les fue otorgada, como saben vivirla, lejos de la capital, afortunada o desafortunadamente.


Cortito y al pie. Trujillo y Cajamarca

Trujillo y Cajamarca me dejaron sin demasiada energía para escribir siquiera una línea. Y es que la dinámica del viaje se ha tornado un tanto intensa. Entonces la escritura no es más que un listado incoherente de recordatorios de fechas y lugares.

Ahora, partiendo hacia Chachapoyas, el viaje de catorce horas invita a utilizar todos los recursos con los que cuento (escasos pero suficientes) para que la sensación de tiempo sea (balanza a mi favor) suavemente ligera.

Y entonces de Trujillo no hay demasiado que decir, aunque el dato de color radica en lo poco que gasté dado el gentil hospedaje de una lugareña.

El costo, aprender a lidiar con su niña de 6 años que bien había sido bautizada con el nombre de Samara. Si bien no físicamente parecida al poco encantador personaje de La llamada (The Ring). Aquella que salía de una especie de aljibe con miles de liquidos vizcosos y de tonalidad verduzca en su semblante, a veces se nos aparecía en el cuarto en medio de la madrugada, lento, como midiendo nuestra respiración, se daba media vuelta y se iba tornando la situación un tanto aterradora.

A pesar de este literalmente pequeño detalle Trujillo resultó una mezcla entre el acercamiento a la cultura pre inca en las ruinas de Chan Chan y las Huacas del Sol y de la Luna y el ocio de encontrarse tiradas en las playas de Huanchaco tomando unas chelitas.

Por otro lado Cajamarca. Un pueblo encantador.El mismo se erige en un valle entre las sierras del centro del Perú.

LLegamos a Cajamarca en medio de una huelga que había comenzado hace 15 días. El pueblo (y claro que cuando digo el pueblo es el pueblo lo más pueblo del pueblo) se había proclamado en contra del Proyecto Conga (una explotación minera de capitales estadounidenses para obtener oro, cobre y según algunos otros uranio). Claro que en Cajamarca la minería no es novedad ya que Conga se uniría a la explotación ya existente de Yanacocha.

Entonces al grito de "si no hay solución habrá revolución", los ciudadanos de Cajamarca y sus alrededores esperaban con manifestaciones pacíficas en la playa la llegada de su alcalde, que se encontraba de tour por Europa (deconozco si eran cuestiones vinculadas a diplomacia, por ocio, o quizás ambos).

Lo destacable de la situación es que la minería sólo emplea al 10% de la población en Cajamarca y contribuye cpn un 20% al total de los ingresos de la región, ocupando el tercer puesto luego de la ganadería y el turismo.

Estos datos como también lo es la tan conocida historia de las multinacionales agotando recursos en tierras ajenas y llevandose dinero en costales a sus casas matrices resultan un tema de discusión que pasa a segundo plano cuando la estrella de los requerimientos del pueblo no es ni mas ni menos que el agua.

Los cajamarquinos no quieren que el agua se trasnforme en el trasnporte de los elementos de su destrucción, buscan evitar otro medio de sometimiento, de aniquilamiento de la tierra y la humanidad. Algo tan básico que genera impotencia ver como deben alzarse en la lucha por algo que simplemente les pertence.

Me voy y la lucha sigue. Desde la ruta en plena madrugada, veo unas luces que se destacan en la oscuridad de la noche, se percibe una aureola con una tonalidad de un naranja intenso que ilumina el cielo y los alrededores de modo demoniaco. Es la mina de Yanacocha, que trabaja sin descanso y sin piedad.

Crónica de una fémina con mochila

Hace dos meses que empecé el viaje y creo que estoy aprendiendo bastante. Podría decirse que estoy hecha "todo un hombrecito".
 De alguna manera, las mujeres deberíamos ser admiradas por las capacidades que adquirimos cuando nos cargamos la mochila al hombro. Y si, lamentablemente muchachos, no sólo el duro mundo globalizado nos obliga a ponernos los pantalones y a masculinizarnos. 
Debería existir algún manual de la viajera, algo así como la Lonely Planet pero con cientos de tips para no ir dejando pedazos de femineidad en cada uno de los lugares a los que vamos. Aunque es probable que para que ello suceda, necesitemos un séquito de personas que carguen con la excesiva cantidad de pelotudeces con las que estamos acostumbradas a cargar las mujeres por motivos que todavía me resultan extraños, pero que contribuyen a las causas a las que hago referencia.
No es que no tenga en cuenta los grandes beneficios de la vida de mochila, sin dudas nos  transformamos en seres extremadamente naturales,  animalitos de dios, como diría mi madre. 
En contacto con la naturaleza casi de manera recurrente, exponiendo nuestras mas grandes miserias fisiológicas e incluso psicológicas al resto de los humanos que nos rodean en ese momento.
Y claro que todo esto no es tanto problema para un hombre, pero a nosotras se nos complica más la cosa. Urinarios menos 5 estrellas, métodos de depilación precarios, falta de perfumes y coloretes, exponen demasiado nuestros secretos. 
En ciertas situaciones, perdemos la femineidad a tal punto que ya creo en mi caso que no merezco ni un piropo y mucho menos un cabeceo para salir a bailar.
Entonces mientras el afuera ya no importa fortalecemos la parte espiritual y los demás que se conformen con lo que hay y que valoren el esfuerzo.

miércoles, 6 de junio de 2012

Retrospectiva de la perspectiva.


Y aunque parece un estúpido juego de palabras propio de un snob, detrás de éste juego de la retrospectiva de la perspectiva, se erige una linealidad  tan simple como aprender los múltiplos del uno. Claro que la linealidad encuentra la muerte al final de su camino porque al llegar, uno no se encuentra con nada y entonces además de simple, aburre. Los futuros inventados nunca llegan a parecerse a las ideas del pasado que les dieron origen. Y entonces en medio de este ir y venir, se produce el desorden propio de la Teoría del Caos.
 A pocos días de cumplirse dos meses de iniciado mi viaje, revivo un poco los motivos que me trajeron hasta aquí y entro en este juego subreal, atemporal y fantasioso.
Miro para atrás y me veo mirándome, pero no es mi yo hoy, ahora, el que se refleja. Es aquella sobre la que he depositado miles de expectativas. Aquella a la que le he otorgado miles de objetivos. De la que he esperado tantas cosas que las culpas de no poder estar a la altura podrían desmoralizarla al punto de generar mares de angustias incontenibles e insalvables incluso, con años de terapia.
Sigo mirando y me veo recorriendo con la mirada el horizonte. Buscando señales, como revelaciones del destino que sacíen mis alborotadas ganas de encontrar respuestas. Me veo mirando hacia adelante como buscando puntos, y aún mas, tratando de atar esos puntos a los hitos del pasado que es en ese momento mi presente.
Mientras me miro, logro deducir que de alguna forma, desde aquel lugar, busco crear una historia con un inicio, un cuerpo y un descenlace tan perfecto que me de la tranquilidad de que ya vendrán tiempos mejores, de que las cosas, siempre salen como uno las planifica. Siempre y cuando claro, que la receta esté escrita en algún papel y organizada metódicamente en pasos.
Y entonces, como es inevitable entrar en comparaciones acá estoy yo hoy, que se encuentra con mi yo proyectado desde el pasado, y que siguiendo la lógica cronológica es mi presente inventado. Y la miro y somos tan distintas.
Y con esta curiosa mirada hacia atrás miro a la que quedó allá, relegada, con destellos de sueños miles de veces soñados y un presente renegado. Y tanto más la miro tanto más me doy cuenta de lo que nos parecemos.
Y entonces entre el pasado y el futuro se fueron dibujando caminos erráticos, llenos de atajos. He sido testigo de la materialización de algunas ideas,  y realizado el duelo de las que pierden relevancia por sí mismas.
Y en este acto de sublime retrospectiva me vi yéndome y esperando muchas cosas. Sin dejar lugar a las sorpresas y mucho menos a las emociones que pudieran dejarme en jaque.
Un poco más adelante en el tiempo me vi desencantandome por no encontrar lo que buscaba. Entrando en una lucha encarnizada conmigo misma por ser lo que me había propuesto ser y excavando profundo en la yaga de los logros no cumplidos.
Mientras me miro en la película del tiempo me fumo un cigarro, extiendo las piernas, me sonrío. El desenlace fatal del suicidio y la autoflagelación probablemente no lleguen aún.
Busco las recetas, las arranco del cuaderno, prendo fuego los mapas. Sólo quedan hojas en blanco y  rutas sin trazar.

domingo, 3 de junio de 2012

Fugaz pensamiento


La verdad es un paralelo que corre del otro lado del vidrio de nuestras vidas.
Es una señora singular, ezquizofrénica y vanidosamente inmortal.
Es un colchón de plumas de aves impolutas. Una creación perfectamente organizada para que quepa en una cajita de cristal que guardaremos quien sabe hasta cuando en un ropero.
Siempre se mostró mezquina al darse a conocer y en alguna ocasión me tomé el atrevimiento de abusarme de su condescendencia. Es probable que nunca lleguemos a ser buenas amigas.

viernes, 1 de junio de 2012

Encuentro poco feliz


Encontrarse con el viejo en medio de un viaje que se supone que esta moldeando el temple es como mirar una película y que el protagonista se muera en el final. Y se parece bastante a una película de terror.
El tedio de la historia llega a su climax cuando finalmente el susodicho termina poniendo sobre la mesa, todas las cartas que se había estado guardando para el final del juego y bien cargado, la aplasta como a un insecto que se posa sobres la medialunas que llevas a la quinta el fin de semana.
A continuación, acomoda la gola y comienza a exponer los verdaderos pensamientos que lo atormentan, creando una imagen de la persona que cree tener como hija. Básicamente ha creado en cuestión de segundos un ser de los que dan pena en las historias más dramáticas de la literatura. Una persona totalmente perdida, sin aspiraciones, con unos cuántos caramelos de menos en el frasco que alguna vez, según profesa, se dará cuenta de que está meando fuera del tarro.
Desperdiga preocupaciones en tono de acusación y le asegura el rotundo fracaso en todos sus emprendimientos esperando que reflexione y se haga cargo de un estilo de vida que le han puesto a disposición.
Reprocha elecciones que no importa cómo ni porqué, han sido tomadas por ella, pero cuyos medios han sido producto de alguna manera, de la financiación de sus propias arcas. Como si de alguna manera el vil metal fuera suficiente para moldear los destinos conforme a sus preceptos.
No admite felicidades creadas a base de simplicidad y carentes de aspiraciones grandilocuentes, pero intensas en emoción y búsqueda.
Emite rezos por su provenir, como si el final no pudiera encontrarla a a la vuelta de la oficina, vacía, llena de angustias y de miedos.
Y claro, esto más que una película, es un corto, en cuestión de segundos la catarsis emocional en un tono demasiado elevado para el silencio de la noche culmina con la frase célebre "vos te creés que sos la dueña de la verdad".
Los problemas generacionales e ideológicos son insalvables y las elecciones personales deberían incluirse al listado de "temas de los que no se discuten en la mesa", a veces es imposible. Lo que queda después, aplicar el Laissez Passer y preparar el mate.

jueves, 31 de mayo de 2012

Foto de la impotencia - Cuzco


Teresa era la niña que atendía el hostel durante el turno diurno. Las características de infante están únicamente vinculadas a su condición etaria. Teresa no está sola, se encuentra siempre acompañada de sus dos hermanas, Natali y Rosa, y un pan de unos cuántos meses bajo el brazo. Tienen 15, 9 y 11 y sus ojos dejan entreveer una historia de infancia profanada.
Teresa limpia, atiende el teléfono, negocia tarifas con huéspedes encarnizados en obtener rebajas, carga con las culpas de malas instalaciones, vecinos fachos y las carencias de agua en el lugar. Y en medio de todos estos meollos le da el pecho a su bebé.
Sus hermanas van al colegio y realizan sus tareas mientras mecen al niño en los momentos en que Teresa se encarga de alguna de sus tantas ocupaciones. A ella jamás la vi tocar un libro durante mi estadía en el lugar.
Teresa tiene la piel tersa y las manos pequeñas pero la mirada y la voz endurecidas. Es la demostración de niñez corrompida, adolescencia coartada y madurez repentina. Es una mujer que ha crecido de golpe entre sueños del algodón y realidades de hogar ajeno.
Teresa trabaja dobles turnos para cubrir ausencias y duerme junto a su retoño en un colchon tirado sobre la fría sala de recepción.
Una noche, de aquellas en las que el sueño nos atrapa tan profundo que ni el sonido más alarmante pudiera despertarnos, Teresa cae en las garras del Morfeo y no escucha el timbre sonar. Intento una y otra vez pero nadie contesta. Me dirijo al segundo hostel de esta "gran cadena" y solicito al encargado que me abra la puerta. Se niega y me insta a volver a intentarlo. Segunda oportunidad, nada. Teresa sigue inmersa en las profundidades de quién sabe que esperanza.
Vuelvo nuevamente al otro recinto, recibo algunos desaires, entro casi en un estado de cólera, arremeto contra el anodino sujeto por obligar a una niña a trabajar tan intensamente a pesar de sus alertas por su estado de cansancio.
Finalmente algún huesped se apiada de mi y abre la puerta del lugar. Esa fue la última noche que vi a Teresa.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Las extrañas y poderosas fuerzas centrípetas – Cuzco



Día de lluvia en épocas secas en Cuzco. Marco perfecto a "uno de esos días". ¿O será al revés? ¿Humor supeditado a las condiciones meteorológicas?. Tengo mis motivos para descartar ésto último y alegar dicha sensación a otras cuestiones, cuestiones con una segura explicación lógica, pero con un alto contenido emocional. ¿Por qué no tenemos un cartel como en las películas? Algo así como un alerta en donde se exprese “persona cargada de contenido emocional”. Eso prepararía a nuestros interlocutores y nos haría sentir menos culpables en caso de situaciones no deseadas.

Como esto no ocurre, estoy bastante convencida de que hay algo de alineación de los astros en la ardua tarea de moldear nuestros destinos y personalidades. “Esto tenía que pasar por algo”.
Todo lo que ocurre y lo que no, lo que somos y lo que no, es parte de lo que nos toca en suerte. Aunque, por ahi está tambien la elección, como para conventirnos de alguna forma en forjadores (responsables y culpables) de nuestras propias alegrías y desgracias. Somos también lo que elegimos y lo que no. Somos la sombra de lo que dejamos atrás y el fiel reflejo de nuestros aciertos y desaciertos. Híbridos producto del destino y la voluntad.

Y como si esto fuera poco, el ser viene inevitablemente ligado al perecer y entonces, la vida, se transforma en el lapso que transcurre entre dos hitos. El primero, feliz y sinónimo de buenos augurios, el segundo, triste y efímeramente inmortalizador. Y en el medio de ello, la vida, única y sencillamente un trozo de tiempo que nos ha sido cedido en un frasco alquilado. Un cuerpo ocupando un espacio prestado.
Somos millones de envases perecederos con unos cuantos minutos a cuenta y una entrada gratis al mas maravilloso espectáculo de la tierra.
Entonces, si la tierra no es nuestra ¿cómo nos hemos encadenado a ella? ¿quién ha tenido el poder de construir lazos tan fuertes?¿quién nos ha dado el privilegio de apropiamos del espacio en nuestro afán de crear efímeras seguridades?¿Voluntad, destino, una extraña combinación de ambas?

Voy a aceptar la entrada gratis, y me hago responsable (o no) de lo que pase y lo que no. Al fin de cuentas, ya me gasté varios minutos y cada vez me quedan menos. A lo mejor llego para el segundo acto.


martes, 29 de mayo de 2012

¿Cantando? bajo la lluvia. Aguas Calientes/Machu Picchu


Dicen que el tiempo es una convención, un artificio. Entonces, las medida de las horas que trabajamos y los años que vivimos no son negociables ni cuestionables. Lo que sí creo es que dificilmente puedan robarnos la sensación del tiempo, sensación con la que cargamos al punto que se trasnforma en un responsabilidad.
¿Qué hacer frente a la proyección de dos situaciones antagónicas? ¿La píldora roja o la azul?. Por un lado, el minuto eterno frente al despliegue del mundo mientras camino, la detención del tiempo cada vez que al crepúsculo un sin fin de estrellas se alzan en lugares en donde la luz es sólo un reflejo del astro supremo. Por otro lado el lento y pesado transcurrir del tiempo alejada de los seres queridos, de algunos objetos momentáneamente abandonados, de rituales monótonos que alegran el corazón y de algunas estabilidades cuestionadas pero dejadas por ahí, como por las dudas.
Sin dudas, conocer una de las maravillas del mundo valió la pena. Aunque lo glorioso del asunto fue darme cuenta de que no sabía absolutamente nada de todo aquello (pagar guía para obtener un cacho de cultura fue una de las peores inversiones de mi vida: el saber se paga y por eso mismo no debí haber regateado el precio de la visita guiada ¿?).
Eso me deja una vez el sinsabor de la maldita racionalidad limitada, de saber que se y que no se y el consuelo de saber que la culpa de esto la tiene otro (salida fácil frente al sentimiento de impotencia).
Y es que así somos, una gran ensalada de estímulos cuyo producto real no es mas que un humilde y deformado reflejo de éstos.
Sentada bajo un árbol, sólo espero que la lluvia pare para poder volver al camping y añoro un poco de legibilidad sobre este papel desteñido para la posteridad. Mis planes de ir al mercado de abastos por algunos vegetales y queso que me sirvan del primer gran banquete de los últimos 3 días, se ven supeditados a la voluntad de la naturaleza. Y es que caminar bajo la lluvia nunca me ha resultado un problema, pero una única muda de ropa, una toalla que ya no está secandose bajo el sol y ni un solo pañuelo para hacer un poncio pilato han hecho descartar dicha posibilidad.
Enfrente hay un bar. Unos cuantos soles por un plato de comida caliente resulta un plan tentandor. Voy a desestimar la opción. Dudo si es a causa del desvío de presupuesto que causaría dicha inversión o si es el embrujo del agua acrecentando el caudal del río que me tiene como bajo una hipnósis severa.
Entonces mejor espero, porque como vulgarmente se dice siempre que llovió paró. Bueno sería que en algún momento salga el sol. El arcoiris siempre es un magnífico espectáculo y talvez, quién sabe, me encuentre en el final del mismo con un cofre de monedas de oro que me ayude a financiar el viaje.  



Crónica de la fiesta del Colquepata y otras “yerbas” - Copacabana


De la fiesta del Colquepata

Llegar a una ciudad en medio de una festividad local tiene sus pros y sus contras. Lo malo, el despliegue de artificios para conseguir alojamientos baratos, lo bueno, el resto.
Engalanados con sus disfraces harto coloridos, hombres y mujeres de largas trenzas danzaban al ritmo de trompetas y tambores. Innumerables demostraciones de entrega al Santo del Colquepata y a la Pachamama se alzaban con una Paceña en mano en rituales que no distinguían edad.
Y es lógico que una fiesta que comienza un sábado a la mañana y termina un domingo por la noche traiga como resultado a ebrios consuetudinarios y kilos de felicidad por doquier. Quien diría que un pueblo tan oprimido pudiera ser capaz de llenarse el corazón con tanta alegría (ayudados en virtud de verdad por algunos cuantos litros de cerveza). Compartían su felicidad con quien se les cruzase y eran extremadamente dadivosos con sus tragos.
La noche finalizaba con una exhorbitante performance del grupo Sombras al ritmo de “La ventanita del amor” y los pasos desdibujados de los excelsos bailarines se borraban con nuevas ofrendas a la tierra. Llegado semejante punto cúlmine de la noche, era hora de irse a dormir, jóvenes y adultos intentaban volver a sus casas o alojamientos, aunque eso les demandara toda la noche. Nadie estaba a salvo de los embrujos de los brevajes de turno. Lejos estaba de poder sentir el cuadro típico de acusación femenina a su pareja. No era el caso, la fémina no cargaba insultos contra su partenair por su lucha encarnizada por mantenerse erguido en sus dos piernas. Por el contrario, era difÍcil definir quién oficiaba de bastón a quién. La imagen resultaba en algún punto conmovedora (quizas mi corazón lleno de rubia felicidad había logrado sensibilizarme), caminaban lento, sosteniendose el uno al otro, como buscando constantemente el equilibrio, evitando ser ofrenda de la tierra a la que ya le habían dado suficiente.

Y otras yerbas....

Copacabana es una ciudad en donde la cultura local se mezcla con los fugaces matices de los forasteros, y sin dudas uno de los destinos preferidos de la hippeada argenta. Un buen número de individuos dispuestos a juntar unas monedas y a vivir al límite. Su carne pegada a los huesos es una elección, seres normales embebidos en un disfraz harapiento.
En tertulia con uno de ellos, en uno de mis intentos por escaparme un poco de la dinámica de un viaje que resonaba extraño para mí pero que había aceptado tácitamente, recibí un ¿sabio consejo?. Un muchachito (de la hippeada de la que venía hablando) me pregunta – ¿y vos de donde sos? -, de Campana pero vivo en Belgrano. - Aaaah, (…) yo a vos te vendo todo – (cara de nada), - te tenés que vestir mas hippie – (está bien que mi buzo de flashdance no era de lo mas zaparrastroso que guardo en la mochila, pero tengo prendas que podrían resultar ciertamente encantadoras para algún caminante de los de este estilo). Que bien, pensé, si es que vengo escapando del código de vestimenta del sistema para que “vestirme de hippie” sea el camino que tengo que tomar. Y es que el marketing no duerme
El camino tiene de todo, personas que ahondan en el sentir, hippies con polvo para la nariz en sus morrales . El viaje te encuentra con quienes sobreviven, con quienes viven, con profundidades y superficialidades.
Mientras tanto, mis disfraces y antifaces siguen guardados en el placard.  


viernes, 4 de mayo de 2012

Breve paréntesis II. Puno


No estoy muy segura de porque se me ocurre nombrar a los relatos carentes de descripción demo geográfica “Breve paréntesis” imagino que tiene que ver con el hecho de que en principio, el blog fue creado con la intención de confeccionar breves reportes acerca de las principales características del lugar en donde me encontrase y algunas sensaciones personales vinculadas con el contacto con el lugar de turno. Entonces, los breves paréntesis nada tienen que ver con esta primogénita intención.
Es claro el hecho de que los sentimientos mas profundos me los voy a guardar para mi, tal vez porque hasta ni siquiera se como transmitirlos, tal vez como manifestación de los únicos resabios de privacidad que quedan cuando uno comienza a vivir al estilo mochilero.
Entonces, luego de haberme aclarado las ideas y terminar entendiendo que este “diario” resultara un verdadero cocoliche, retomo el hilo conductor que me lleva a escribir estas palabras.
Caminando por Puno, mi compañero de turno se queja porque Puno no tiene mucho que ofrecer, ¿no tiene mucho que ofrecer? le pregunto, puede ser, todo depende,- ¿depende de que?- De lo que busques en cada lugar al que llegues.
Si, es verdad que Puno no tiene grandes atractivos turísticos per se pero aun aquellos lugares que si lo tienen pueden dejarte nada si la predisposición no acompaña.
En mi caso en particular, todavía no encuentro lo que busco, me pregunto a veces si lo estoy buscando correctamente., aun no logro cruzarme con demasiados espíritus combativos, seres con ilusiones y esperanza de cambio. Y el problema no es que existan espectadores del mundo, el problema soy yo sintiéndome una espectadora.
Probablemente tenga que ver con las expectativas que uno pone acerca de sus sueños. Cuando ese sueño se convierte en realidad simplemente ya no es sueño y si hasta viajar se puede convertir en la rutina mas atemorizante. Hay mucho de cierto en que la realidad de cada uno esta ligada a la realidad que le ha tocado en suerte, los estímulos externos, las experiencias vividas, aunque también creo que afortunadamente queda un poco de posibilidad en construir una mejor.
Entonces hoy registro, observo, estoy dentro de la burbuja, mi pequeño mundo, el de una persona que viaja y que no importa cuan parecido a lo que imaginaba sea, se llena de felicidad por cada nuevo estimulo recibido. Esperando, siempre esperando, algo que, quien sabe si llegara, aunque pensando también que nada llega si así no se lo desea.
Y si, la burbuja tiene un tiempo de vida efímero, lo bueno es que todavía contamos con suficiente agua y detergente para crear otras nuevas.


jueves, 3 de mayo de 2012

Inmensidad que ahoga - Arequipa/Cañon del Colca


Finalmente despegue del nido. Ahí estaba, sentada en una cama, sola en un hostel lleno de gringos. Afortunadamente me toco compartir habitación con dos inglesas Katie y Anne Marie quienes comprendieron mi ingles no practicado por años rápidamente.
Junto con ellas y con dos argentinos (una de ellas coterránea…ambas queriendo como escapar de nuestro lugar por un rato nos cruzamos con objetivos similares en una historia que podría titularse from Campana to Arequipa) decidimos contratar un tour hacia el canon del Colca.
No hay palabras para describirlo y tal como lo diria Rainer Maria Rilke en sus cartas a un joven poeta  “ La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables, y ocurren en un recinto que jamás oyó palabra alguna” y es así, el cañón es un lugar mágico, que invitar a observar esforzándote por guardar en la retina cada una de las imágenes, a oír cada sonido, a respirar cada gramo de aire.
El primer tramo no fue difícil, caminamos durante 4 horas por un sendero en bajada hacia un pueblo llamado San Juan, estaba de buen humor y hasta cantaba. Llegamos alrededor de mediodía, estábamos cansados y teníamos hambre. Ofrecí a nuestros guías a preparar el almuerzo con ellos (extraño mis actividades culinarias de a ratos). Afortunadamente todos los integrantes del grupo se ofrecieron a participar (si fue buena voluntad u obligación moral lo desconozco y hasta creo que no me importó demasiado)
Comimos (el arroz es infaltable en las mesas peruanas por cierto y si bien no me molesta, estoy empezando a ganarle un poco de antipatía, aunque creo poder vivir con ello durante un tiempo prolongado antes de que mi cuerpo comience a pedirme un respiro)
La noche cayo temprano, cenamos a las 7 de la tarde, solo restaba descorchar la botella de Pisco que gentilmente nuestro guía nos había regalado y contemplar las estrellas. Es la segunda vez en la vida que logro contemplar la inmensidad del cosmos, miles des estrellas desplegándose frente a nuestros ojos, solo montañas y el resonante sonido del rio. Definitivamente la sensación es inexplicable, es un hondo y profundo sentir, cada respiro es profundo, nostálgico y feliz. Mientras allá afuera el mundo seguía andando a un ritmo desenfrenado, nosotros congelábamos el tiempo por un instante en un silencio que se hacia una única melodía junto con el rio.
La noche termino y nos fuimos a dormir con el combustible necesario para mantenernos cálidos durante del resto de la noche andina.
Al siguiente día bajamos hacia el oasis, un verdadero paraíso sin dudas. Sabias fueron las palabras de Mariano, uno de nuestros compañeros de grupo, el cual dijo algo así como “debemos haber sido demasiado buenos en alguna otra vida para merecernos esto”” y era mas que acertado. Por una pequeña cantidad de soles habíamos accedido al paraíso. Pileta, palmeras y otra vez la montaña. Tuvimos la fortuna de terminar nuestro pisco y degustar unas exquisitas cuzqueñas (rubia de la que ya me estoy enamorando) e incluso jugar un picadito mixto a mas de dos mil metros de altura. Afortunadamente ya había mascado la suficiente coca para no sentirme cansada y hasta pude confirmar que las alturas la pelota si dobla.
El último día debíamos subir nuevamente. Me sentía mal, no quería caminar y solo estaba empecinada en quedarme ahí mirando la montaña, sin agotarme con la empinada subida, sin tener que demorar al grupo ni tampoco agotarme por mantener un ritmo álgido y constante, solo quería que se terminara, tuve la sensación de la falta de aire y me sentía cansada y aturdida. Y entonces paraba, miraba la montaña, todo eso era para mi y por algún motivo no podía disfrutarlo. Me senté, respiré hondo, delante mio venia Alicia, una italiana increíblemente inteligente y cordial, llevaba un paso lento pero constante, no hablaba, simplemente caminaba, concentrada en su ritmo, era tranquilizante verla. No creo que lo haya notado pero me inspiro la paz suficiente para seguir adelante. Y solo eso, solo su caminar, su energía, hizo que de alguna manera sin que lo notara, me dejara una enseñanza que en mi caso es importante, considerando mis problemas de ansiedad.
Finalmente llegamos a la cima, estaba feliz y toda la gente que me rodeaba se sentía contenta. La caminata había sido intensa pero había valido la pena cada uno de los pasos andados. El colca es un valle en medio de la aridez que despliega casi el final del cordón andino. El verde y los campos de trigo realzan las casas de adobe de cada uno de los pueblos que se erigen en sus alrededores.
Terminamos nuestra caminata con un gran desayuno en Chivay, un pequeño pueblo donde conservan casi autóctonas las tradiciones. De allí, me sentí contenta de que el mundo nos pusiera a disposición cuatro ruedas para movilizarnos. Quería un baño de agua caliente, aunque había podido vivir sin ello durante algunos días. Claro que cuando uno se enfrenta a ciertas carencias se da cuenta de que puede vivir sin algunas cosas, aunque por cierto, no me castigo por haber deseado un baño de agua caliente y alguien que me lleve nuevamente al hostel para poder conectarme a la civilización. En estas instancias una recuerda que puede vivir con mucho menos, aunque claro, los parámetros de los mas y los menos son tan personales como la identidad que nos ha sido otorgada.



sábado, 21 de abril de 2012

Reminiscencias - Cercado de Lima


Un encuentro casual caminando por algún punto central de una capital desconocida me recordó los motivos del viaje. Nos es que no los tenga presentes, pero a veces se pieden en la red mientras uno busca hostels, proximas paradas, lugareños que lo ayuden a conocer cada lugar y otras cuestiones básicas para la subsistencia.

Al final de cuentas, me subí a una combi en Miraflores y parti hacia el cercado (aventura si las hay subirse a una combi que nunca te dice exactamente a donde va). Me sorprendió el orden con que cada cosa se ubica perfectamente en su lugar y sobre todo, la pulcritud de la zona (Buenos Aires dista bastante de ambas cualidades).

Digamos que venía fascinada con la arquitectura colonial, disparando tiros de luz (no me parecía a una gringa sólo porque mi cabellera dista de ser blonda y entonces si bien no descendiente aborigen, conservo los rasgos de los tanos de la Italia ¨sud¨desarrollada).

Cumplí prolijamente con los hitos que me marcaba mi mapa turístico (caminé por la Plaza de Armas, visité la Iglesia de San Francisco y sus catacumbas, fotografié el Palacio de Justicia, etc.). La adrenalina seguía contenida, aún habiendo visto los huesos de quien sabe cuantos mártires y no tan mártires enterrados en las catacumbas que oficiaron de cementerio subterráneo del Convento de San Francisco.

En una de estas paradas, en la Estación de Trenes de Desamparados, luego de recorrer su museo, ingresé al andén, allí, sentados en una mesa, había dos hombres, entre ambos juntaban mas de un siglo y medio de vida (aunque no pude darme cuenta de aquello hasta que no lei sus biografias en las contratapas de los libros que habian escrito). Allí trabajaban, escribían sus cuentos y poemas, reproducían historias e intentaban vender sus escritos con sus escasas pero encantadoras ¨herramientas de marketing¨.

Luego de un rato de charla con ellos, entendí por qué no hubiese podido nunca adivinar sus edades sin ayuda. Sus caras lucían frescas, mantenían una sonrisa cándida y su espíritu alegre rebalsaba por los limites de sus cuerpos. Eran felices, habían pasado malas, pero habían tomado una decisión que los mantenía longevos y con la chispa encendida. Su vida, puesta al servicio de su vocación. Estas manifestaciones de energías activaron mis sentidos, ahora creo que valió la pena haber entrado en esas catacumbas.



jueves, 19 de abril de 2012

Breve paréntesis. Desde la ventana - Lima (Miraflores)


El exceso de información creo que atrofia la neurona. Muy distinto a inspirar, el influjo de información en distintas manifestaciones y en cantidades excesivas provoca en mí un total atoramiento de cualquier capacidad de expresión. Menos el habla (el parloteo en exceso es algo que aún debo aprender a manejar).

Y entonces dichos impedimentos me mantienen en un punto muerto, primera, punto muerto que me ahoga el motor ante las forzadas aceleradas que intento meterle. (Esto de no poder controlar la ansiedad de a ratos tambien suele ser un problema. Ok, acabo de dejar al descubierto dos de mis debilidades... deberia ser mas cautelosa de a ratos). Así se siente cuando uno es un newcomer en un lugar desconocido. Todo aquel individuo con un poco de buena disposición hará lo posible por aconsejarte acerca de lo que debes y sobre todo, lo que no debes hacer en su cuidad.

A propósito de esto, el sábado de mi llegada a Lima, mi padre, el cual conoce bastante la ciudad ya que ha vivido aquí por unos cuantos años, me llevó a comer a un bodegón argento que suele dar de comer a los expatriados de por aquí (como para sentirme así desde el vamos una foránea que busca refugio en lo que conoce). Susana, su administradora y dueña, me recibió con la dulzura de una abuela y se encargó de darme un sabio consejo: "NENA, NO CONFÍES EN NADIE". Linda forma de empezar eh, la piba no estaba lo suficientemente cagada como para que encima le metan adentro una sirena que no para de marcar alerta cada vez que alguien le camina por al lado.

Claro que uno, siempre tiene presente los consejos, pero afortunadamente solo le hace caso a aquellos que toma no porque se los hayan dado, sino en general, porque son parte del sentido comun que ha desarrollado durante su trayectoria de persona des/confiada.
Entonces, cada  nuevo lugar es un empezar de cero con uno mismo, hasta que uno se acostumbra a eso, a vivir sin conocer y a conocer mientras camina.

El cerebro debiera tener algun mecanismo automático de clasificación y almacenamiento de la información, seguramente algo de eso tiene, pero opera de modo incosciente, y todo lo que no puedo manejar también me provoca ansiedad.

Entonces me miro al espejo y digo, dale boluda, pregunta, nadie te va a comer, donde está la piba extrovertida que se come el mundo?. Que es lo peor que te puede pasar?

Cuando uno esta a la interperie, fuera de la zona de confort, ahí es donde sale el verdadero yo. Ahí cuando a nadie hay que venderle ningun personaje, cuando estas solo con tu alma, ahi estas vos... y la mierda que duro es enfrentarse con uno mismo.



martes, 17 de abril de 2012

Por algo hay que empezar - Lima, Peru

El problema no es andar por la cuerda floja, el problema es mirarla desde abajo. Yo creo que si me subo a la cuerda no me voy a caer y por ende si yo lo creo no me caeré.No me caeré?

Bueno tambien creo a veces que estoy signada por la mala suerte y que el avión en mi viaje a Lima se iba a caer. Siempre que subo a una avión siento que se va a caer. Allá arriba uno se siente supeditado a la buena voluntad de Dios, Alá o como quieran llamarlo.

Ah claro, porque cuando uno tiene los pies en la tierra todo depende de uno. Sabemos que no es tan así, y aún cuando asi fuera, que tremenda responsabilidad!. A eso si que le tengo miedo!.

Y entonces llegué a mi primer stop de un viaje que ni sé cuando termina (decisión tomada con los pies sobre la tierra que da cuenta de lo tenebroso que puede resultar tener los pies sobre la pachamama). Al final de cuentas, mi avión no se cayó, y si hubiera sido más optimista, podría haberme convencido de que soy poseedora de un poder que convierte voluntades en verdades, lo cual hubiera evitado que en algún momento considerase la idea de concurrir a un curso de autoconfianza.

Ahora en tierras foráneas, no tenía mas que levantar el culo del sofá y salir a recorrer. Caminar por Lima es como "caminar por las nubes" de manera literal. Esa literalidad tiró a la mierda la poetica metáfora antes mencionada. Ver el mar y surfear el horizonte con la mirada es casi un anhelo. El cielo amenaza promesas de lluvias que no cumplirá por meses. Entré en un estado de trance generado por esa pesada niebla, que se perdía entre árboles y edificios como una invitación a dormir la siesta.

Caminé, caminé... me crucé con palmeras bien colocadas, centros comerciales y un parque interesante de autos importados. Cualquiera que conoce diría que Miraflores, San Isidro, Barranco, no son Lima y aún menos Perú, sigo pensando en esto, es Perú y la culpa de que sea sólo una pequeña porción de tierra a costas del resto. Voy a evitar jucios pseudo socio económicos por el momento, aun queda camino por recorrer.

Mientras tanto, sigo sin poder ver el horizonte, eso es principal objeto de preocupación y pone a prueba mi ansiedad constante por encontrar lo que busco. Debería empezar por definir primero que es lo que estoy buscando o dejar que me sorprenda sin más, solo sintiendo haber encontrado algo que siempre había estado buscando.