Estar de viaje te pone mucha gente en el camino. Y sin dudas a cada nueva persona conocida se reproduce un discurso mas o menos reiterado. En principio y como para romper el hielo, la carta de presentación versa sobre determinados tópicos, nacionalidad, tiempo de viaje y profesión.
Y con la profesión vienen asociadas las explicaciones. Explicaciones que debo darle a todo aquel que asegura que mi perfil, en principio, no es el de contadora.
Y es que estamos seteados para creer que el ser viene enarbolado con diplomas, que la vida es una serie de pasos concatenados en el que uno nace, crece, estudia, y dedica su vida al perfecionamiento de un conjunto de herramientas que nos tiraron en la cara un grupo de honorables catedráticos.
Hace tiempo que creo que la vocación es totalmente independiente de la formación que uno elige, aún con los mayores esfuerzos de racionalidad que puede realizar un adolescente de 17 años.
La vocación trasciende cualquier explicación, es tan profunda que se siente, no se puede explicar. La vocación, el sentir, el transmitir, el soñar son aquellas cosas que definen al ser.
La profesión pesa, sobre todo en un sistema que nos impulsa a pasar la mayor parte del tiempo transpirando hasta la última gota de sudor para salir adelante, que nos hace creer que un papel con un título es la garantía para "ser alguien".
No me opongo a la educación, todo lo contrario. Disfruto de seguir sumando herramientas en mi mochila. Pero cada día siento más fuerte la sensación de que nada de todo aquello condicionará mis ganas de hacer lo que quiera. Aún cuando ello implique no poner en práctica casi nada de lo aprendido en determinado momento de la vida.
Entonces durante el viaje sigo acrecentado mi curriculum vitae. Fui mesera, vendí fotos y trufas en la calle. Saqué fotos en restaurants, y todo ello me hace ser, es parte de lo que soy, aunque no guarde correlato con lo que dice mi diploma que soy. Porque ser es sentir, es buscar, crear, soñar, pensar, trabajar, transmitir. Ser estar en movimiento. No importa cómo, mientras ello venga ligado a la entrañable búsqueda de la felicidad.
Al principio, me molestaba que la primer pregunta que me hacían todos aquellos que me conocían fuera ¿a qué te dedicas?, como si ello diera cuenta en gran parte de quien era. Ahora les contesto, me dedico a intentar ser feliz.
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