"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC
sábado, 14 de julio de 2012
Si seulement je pouvais savoir
De acuerdo al calendario gregoriano, hoy se cumple el trimesario de mi viaje. Me pregunto si eso lo convierte en un hecho digno de celebrar.
Para seguir con la trilogía y jugar con la numerología, hace tres semanas que estoy en Máncora.
Entonces mi número es el tres. San Cono en la Quiniela. Santo Protector de los jugadores. Me pregunto que significado tendrá todo esto.
Sin dudas el viaje tiene cierta lúdica encubierta. La vida es una tómbola diría un filósofo contemporáneo. Recorro el tablero del gran juego de la vida atada a la suerte de quien maneja los dados de mis pasos.
Máncora me dio la posibilidad de bajar las revoluciones del trajín de un viaje que venía a diez mil kilómetros por hora y como para promediar una velocidad crucero, me pasé para el otro lado y me instalé en un pueblo a orillas del pacífico.
Conseguí un trabajo de mesera en un restaurant mexicano en donde aprendí el arte de cargar bandejas, atender comensales demandantes, preparar extractos de maracuyá, limpiar heladeras industriales y de yapa, refregar servicios higiénicos. Eso me mantenía entretenida y cubría mis gastos además de dejarme alguna moneda para financiar mi próximo pasaje.
Luego de unos días, me vi obligada a firmar el retiro voluntario sin indemnización debido a que la temporada viene más tranquila de lo proyectado y mantener una mesera adicional genera costos imposibles de cubrir con al escasa demanda.
Esto, que era la excusa perfecta para mantener a mi cabeza alejada de mis demandas internas mientras esperaba la llegada de una amiga del alma, se vio boicoteado por el receso en la actividad laboral y me puso enfrente de mi misma una vez mas.
Yo con todos mis miedos e inseguridades. Yo conmigo misma. Por primera vez me sentí sola, aún cuando vi mucha gente pasar por el hostel durante este último tiempo. Sin la mano cálida de algún bien entendedido de mis estados emocionales y mi funcionamiento interno. Necesité una palmada en la espalda, una palabra de aliento. Los fantasmas de los logros no cumplidos se pusieron nuevamente a la orden del día.
Contra los momentos de desazón que nuestra cabeza crea y hace fluir como el torrente sanguíneo hay poco que hacer. Sólo dejarlos pasar. Y pasan, sin dudas. Se ponen a un costado y se sigue adelante. Y cada estímulo, cada cosa, cada vez, es un volver a empezar.
Y entonces nuevamente me pregunto, que mon avenir?. Si seulement je pouvais savoir.
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