"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC


martes, 29 de mayo de 2012

¿Cantando? bajo la lluvia. Aguas Calientes/Machu Picchu


Dicen que el tiempo es una convención, un artificio. Entonces, las medida de las horas que trabajamos y los años que vivimos no son negociables ni cuestionables. Lo que sí creo es que dificilmente puedan robarnos la sensación del tiempo, sensación con la que cargamos al punto que se trasnforma en un responsabilidad.
¿Qué hacer frente a la proyección de dos situaciones antagónicas? ¿La píldora roja o la azul?. Por un lado, el minuto eterno frente al despliegue del mundo mientras camino, la detención del tiempo cada vez que al crepúsculo un sin fin de estrellas se alzan en lugares en donde la luz es sólo un reflejo del astro supremo. Por otro lado el lento y pesado transcurrir del tiempo alejada de los seres queridos, de algunos objetos momentáneamente abandonados, de rituales monótonos que alegran el corazón y de algunas estabilidades cuestionadas pero dejadas por ahí, como por las dudas.
Sin dudas, conocer una de las maravillas del mundo valió la pena. Aunque lo glorioso del asunto fue darme cuenta de que no sabía absolutamente nada de todo aquello (pagar guía para obtener un cacho de cultura fue una de las peores inversiones de mi vida: el saber se paga y por eso mismo no debí haber regateado el precio de la visita guiada ¿?).
Eso me deja una vez el sinsabor de la maldita racionalidad limitada, de saber que se y que no se y el consuelo de saber que la culpa de esto la tiene otro (salida fácil frente al sentimiento de impotencia).
Y es que así somos, una gran ensalada de estímulos cuyo producto real no es mas que un humilde y deformado reflejo de éstos.
Sentada bajo un árbol, sólo espero que la lluvia pare para poder volver al camping y añoro un poco de legibilidad sobre este papel desteñido para la posteridad. Mis planes de ir al mercado de abastos por algunos vegetales y queso que me sirvan del primer gran banquete de los últimos 3 días, se ven supeditados a la voluntad de la naturaleza. Y es que caminar bajo la lluvia nunca me ha resultado un problema, pero una única muda de ropa, una toalla que ya no está secandose bajo el sol y ni un solo pañuelo para hacer un poncio pilato han hecho descartar dicha posibilidad.
Enfrente hay un bar. Unos cuantos soles por un plato de comida caliente resulta un plan tentandor. Voy a desestimar la opción. Dudo si es a causa del desvío de presupuesto que causaría dicha inversión o si es el embrujo del agua acrecentando el caudal del río que me tiene como bajo una hipnósis severa.
Entonces mejor espero, porque como vulgarmente se dice siempre que llovió paró. Bueno sería que en algún momento salga el sol. El arcoiris siempre es un magnífico espectáculo y talvez, quién sabe, me encuentre en el final del mismo con un cofre de monedas de oro que me ayude a financiar el viaje.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario