Dicen que el tiempo es una convención,
un artificio. Entonces, las medida de las horas que trabajamos y los
años que vivimos no son negociables ni cuestionables. Lo que sí
creo es que dificilmente puedan robarnos la sensación del tiempo,
sensación con la que cargamos al punto que se trasnforma en un
responsabilidad.
¿Qué hacer frente a la proyección de
dos situaciones antagónicas? ¿La píldora roja o la azul?. Por un
lado, el minuto eterno frente al despliegue del mundo mientras
camino, la detención del tiempo cada vez que al crepúsculo un sin
fin de estrellas se alzan en lugares en donde la luz es sólo un
reflejo del astro supremo. Por otro lado el lento y pesado
transcurrir del tiempo alejada de los seres queridos, de algunos
objetos momentáneamente abandonados, de rituales monótonos que
alegran el corazón y de algunas estabilidades cuestionadas pero
dejadas por ahí, como por las dudas.
Sin dudas, conocer una de las
maravillas del mundo valió la pena. Aunque lo glorioso del asunto
fue darme cuenta de que no sabía absolutamente nada de todo aquello
(pagar guía para obtener un cacho de cultura fue una de las peores
inversiones de mi vida: el saber se paga y por eso mismo no debí
haber regateado el precio de la visita guiada ¿?).
Eso me deja una vez el sinsabor de la
maldita racionalidad limitada, de saber que se y que no se y el
consuelo de saber que la culpa de esto la tiene otro (salida fácil
frente al sentimiento de impotencia).
Y es que así somos, una gran ensalada
de estímulos cuyo producto real no es mas que un humilde y deformado
reflejo de éstos.
Sentada bajo un árbol, sólo espero
que la lluvia pare para poder volver al camping y añoro un poco de
legibilidad sobre este papel desteñido para la posteridad. Mis
planes de ir al mercado de abastos por algunos vegetales y queso que
me sirvan del primer gran banquete de los últimos 3 días, se ven
supeditados a la voluntad de la naturaleza. Y es que caminar bajo la
lluvia nunca me ha resultado un problema, pero una única muda de
ropa, una toalla que ya no está secandose bajo el sol y ni un solo
pañuelo para hacer un poncio pilato han hecho descartar dicha
posibilidad.
Enfrente hay un bar. Unos cuantos soles
por un plato de comida caliente resulta un plan tentandor. Voy a
desestimar la opción. Dudo si es a causa del desvío de presupuesto
que causaría dicha inversión o si es el embrujo del agua
acrecentando el caudal del río que me tiene como bajo una hipnósis
severa.
Entonces mejor espero, porque como
vulgarmente se dice siempre que llovió paró. Bueno sería que en
algún momento salga el sol. El arcoiris siempre es un magnífico
espectáculo y talvez, quién sabe, me encuentre en el final del
mismo con un cofre de monedas de oro que me ayude a financiar el
viaje.

No hay comentarios:
Publicar un comentario