"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC
jueves, 31 de mayo de 2012
Foto de la impotencia - Cuzco
Teresa era la niña que atendía el hostel durante el turno diurno. Las características de infante están únicamente vinculadas a su condición etaria. Teresa no está sola, se encuentra siempre acompañada de sus dos hermanas, Natali y Rosa, y un pan de unos cuántos meses bajo el brazo. Tienen 15, 9 y 11 y sus ojos dejan entreveer una historia de infancia profanada.
Teresa limpia, atiende el teléfono, negocia tarifas con huéspedes encarnizados en obtener rebajas, carga con las culpas de malas instalaciones, vecinos fachos y las carencias de agua en el lugar. Y en medio de todos estos meollos le da el pecho a su bebé.
Sus hermanas van al colegio y realizan sus tareas mientras mecen al niño en los momentos en que Teresa se encarga de alguna de sus tantas ocupaciones. A ella jamás la vi tocar un libro durante mi estadía en el lugar.
Teresa tiene la piel tersa y las manos pequeñas pero la mirada y la voz endurecidas. Es la demostración de niñez corrompida, adolescencia coartada y madurez repentina. Es una mujer que ha crecido de golpe entre sueños del algodón y realidades de hogar ajeno.
Teresa trabaja dobles turnos para cubrir ausencias y duerme junto a su retoño en un colchon tirado sobre la fría sala de recepción.
Una noche, de aquellas en las que el sueño nos atrapa tan profundo que ni el sonido más alarmante pudiera despertarnos, Teresa cae en las garras del Morfeo y no escucha el timbre sonar. Intento una y otra vez pero nadie contesta. Me dirijo al segundo hostel de esta "gran cadena" y solicito al encargado que me abra la puerta. Se niega y me insta a volver a intentarlo. Segunda oportunidad, nada. Teresa sigue inmersa en las profundidades de quién sabe que esperanza.
Vuelvo nuevamente al otro recinto, recibo algunos desaires, entro casi en un estado de cólera, arremeto contra el anodino sujeto por obligar a una niña a trabajar tan intensamente a pesar de sus alertas por su estado de cansancio.
Finalmente algún huesped se apiada de mi y abre la puerta del lugar. Esa fue la última noche que vi a Teresa.
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