Día de lluvia en épocas secas en
Cuzco. Marco perfecto a "uno de esos días". ¿O será al revés?
¿Humor supeditado a las condiciones meteorológicas?. Tengo mis
motivos para descartar ésto último y alegar dicha sensación a
otras cuestiones, cuestiones con una segura explicación lógica,
pero con un alto contenido emocional. ¿Por qué no tenemos un cartel
como en las películas? Algo así como un alerta en donde se exprese
“persona cargada de contenido emocional”. Eso prepararía a
nuestros interlocutores y nos haría sentir menos culpables en caso
de situaciones no deseadas.
Como esto no ocurre, estoy bastante
convencida de que hay algo de alineación de los astros en la ardua
tarea de moldear nuestros destinos y personalidades. “Esto tenía
que pasar por algo”.
Todo lo que ocurre y lo que no, lo que
somos y lo que no, es parte de lo que nos toca en suerte. Aunque, por
ahi está tambien la elección, como para conventirnos de alguna
forma en forjadores (responsables y culpables) de nuestras propias
alegrías y desgracias. Somos también lo que elegimos y lo que no.
Somos la sombra de lo que dejamos atrás y el fiel reflejo de
nuestros aciertos y desaciertos. Híbridos producto del destino y la
voluntad.
Y como si esto fuera poco, el ser viene
inevitablemente ligado al perecer y entonces, la vida, se transforma
en el lapso que transcurre entre dos hitos. El primero, feliz y
sinónimo de buenos augurios, el segundo, triste y efímeramente
inmortalizador. Y en el medio de ello, la vida, única y
sencillamente un trozo de tiempo que nos ha sido cedido en un frasco
alquilado. Un cuerpo ocupando un espacio prestado.
Somos millones de envases perecederos
con unos cuantos minutos a cuenta y una entrada gratis al mas
maravilloso espectáculo de la tierra.
Entonces, si la tierra no es nuestra
¿cómo nos hemos encadenado a ella? ¿quién ha tenido el poder de
construir lazos tan fuertes?¿quién nos ha dado el privilegio de
apropiamos del espacio en nuestro afán de crear efímeras
seguridades?¿Voluntad, destino,
una extraña combinación de ambas?
Voy a aceptar la entrada gratis, y me
hago responsable (o no) de lo que pase y lo que no. Al fin de
cuentas, ya me gasté varios minutos y cada vez me quedan menos. A lo
mejor llego para el segundo acto.

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