"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC


viernes, 1 de junio de 2012

Encuentro poco feliz


Encontrarse con el viejo en medio de un viaje que se supone que esta moldeando el temple es como mirar una película y que el protagonista se muera en el final. Y se parece bastante a una película de terror.
El tedio de la historia llega a su climax cuando finalmente el susodicho termina poniendo sobre la mesa, todas las cartas que se había estado guardando para el final del juego y bien cargado, la aplasta como a un insecto que se posa sobres la medialunas que llevas a la quinta el fin de semana.
A continuación, acomoda la gola y comienza a exponer los verdaderos pensamientos que lo atormentan, creando una imagen de la persona que cree tener como hija. Básicamente ha creado en cuestión de segundos un ser de los que dan pena en las historias más dramáticas de la literatura. Una persona totalmente perdida, sin aspiraciones, con unos cuántos caramelos de menos en el frasco que alguna vez, según profesa, se dará cuenta de que está meando fuera del tarro.
Desperdiga preocupaciones en tono de acusación y le asegura el rotundo fracaso en todos sus emprendimientos esperando que reflexione y se haga cargo de un estilo de vida que le han puesto a disposición.
Reprocha elecciones que no importa cómo ni porqué, han sido tomadas por ella, pero cuyos medios han sido producto de alguna manera, de la financiación de sus propias arcas. Como si de alguna manera el vil metal fuera suficiente para moldear los destinos conforme a sus preceptos.
No admite felicidades creadas a base de simplicidad y carentes de aspiraciones grandilocuentes, pero intensas en emoción y búsqueda.
Emite rezos por su provenir, como si el final no pudiera encontrarla a a la vuelta de la oficina, vacía, llena de angustias y de miedos.
Y claro, esto más que una película, es un corto, en cuestión de segundos la catarsis emocional en un tono demasiado elevado para el silencio de la noche culmina con la frase célebre "vos te creés que sos la dueña de la verdad".
Los problemas generacionales e ideológicos son insalvables y las elecciones personales deberían incluirse al listado de "temas de los que no se discuten en la mesa", a veces es imposible. Lo que queda después, aplicar el Laissez Passer y preparar el mate.

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