Finalmente despegue del nido. Ahí estaba,
sentada en una cama, sola en un hostel lleno de gringos. Afortunadamente me
toco compartir habitación con dos inglesas Katie y Anne Marie quienes comprendieron
mi ingles no practicado por años rápidamente.
Junto con ellas y con dos argentinos (una
de ellas coterránea…ambas queriendo como escapar de nuestro lugar por un rato
nos cruzamos con objetivos similares en una historia que podría titularse from
Campana to Arequipa) decidimos contratar un tour hacia el canon del Colca.
No hay palabras para describirlo y tal
como lo diria Rainer Maria Rilke en sus cartas a un joven poeta “ La mayor parte de los acontecimientos son
inexpresables, y ocurren en un recinto que jamás oyó palabra alguna” y es así,
el cañón es un lugar mágico, que invitar a observar esforzándote por guardar en
la retina cada una de las imágenes, a oír cada sonido, a respirar cada gramo de
aire.
El primer tramo no fue difícil, caminamos
durante 4 horas por un sendero en bajada hacia un pueblo llamado San Juan,
estaba de buen humor y hasta cantaba. Llegamos alrededor de mediodía, estábamos
cansados y teníamos hambre. Ofrecí a nuestros guías a preparar el almuerzo con
ellos (extraño mis actividades culinarias de a ratos). Afortunadamente todos
los integrantes del grupo se ofrecieron a participar (si fue buena voluntad u obligación
moral lo desconozco y hasta creo que no me importó demasiado)
Comimos (el arroz es infaltable en las mesas
peruanas por cierto y si bien no me molesta, estoy empezando a ganarle un poco
de antipatía, aunque creo poder vivir con ello durante un tiempo prolongado
antes de que mi cuerpo comience a pedirme un respiro)
La noche cayo temprano, cenamos a las 7
de la tarde, solo restaba descorchar la botella de Pisco que gentilmente
nuestro guía nos había regalado y contemplar las estrellas. Es la segunda vez
en la vida que logro contemplar la inmensidad del cosmos, miles des estrellas
desplegándose frente a nuestros ojos, solo montañas y el resonante sonido del
rio. Definitivamente la sensación es inexplicable, es un hondo y profundo
sentir, cada respiro es profundo, nostálgico y feliz. Mientras allá afuera el
mundo seguía andando a un ritmo desenfrenado, nosotros congelábamos el tiempo
por un instante en un silencio que se hacia una única melodía junto con el rio.
La noche termino y nos fuimos a dormir
con el combustible necesario para mantenernos cálidos durante del resto de la
noche andina.
Al siguiente día bajamos hacia el oasis,
un verdadero paraíso sin dudas. Sabias fueron las palabras de Mariano, uno de
nuestros compañeros de grupo, el cual dijo algo así como “debemos haber sido
demasiado buenos en alguna otra vida para merecernos esto”” y era mas que
acertado. Por una pequeña cantidad de soles habíamos accedido al paraíso.
Pileta, palmeras y otra vez la montaña. Tuvimos la fortuna de terminar nuestro
pisco y degustar unas exquisitas cuzqueñas (rubia de la que ya me estoy enamorando)
e incluso jugar un picadito mixto a mas de dos mil metros de altura.
Afortunadamente ya había mascado la suficiente coca para no sentirme cansada y
hasta pude confirmar que las alturas la pelota si dobla.
El último día debíamos subir nuevamente.
Me sentía mal, no quería caminar y solo estaba empecinada en quedarme ahí
mirando la montaña, sin agotarme con la empinada subida, sin tener que demorar
al grupo ni tampoco agotarme por mantener un ritmo álgido y constante, solo
quería que se terminara, tuve la sensación de la falta de aire y me sentía
cansada y aturdida. Y entonces paraba, miraba la montaña, todo eso era para mi
y por algún motivo no podía disfrutarlo. Me senté, respiré hondo, delante mio
venia Alicia, una italiana increíblemente inteligente y cordial, llevaba un
paso lento pero constante, no hablaba, simplemente caminaba, concentrada en su
ritmo, era tranquilizante verla. No creo que lo haya notado pero me inspiro la
paz suficiente para seguir adelante. Y solo eso, solo su caminar, su energía,
hizo que de alguna manera sin que lo notara, me dejara una enseñanza que en mi
caso es importante, considerando mis problemas de ansiedad.
Finalmente llegamos a la cima, estaba
feliz y toda la gente que me rodeaba se sentía contenta. La caminata había sido
intensa pero había valido la pena cada uno de los pasos andados. El colca es un
valle en medio de la aridez que despliega casi el final del cordón andino. El
verde y los campos de trigo realzan las casas de adobe de cada uno de los
pueblos que se erigen en sus alrededores.
Terminamos nuestra caminata con un gran
desayuno en Chivay, un pequeño pueblo donde conservan casi autóctonas las
tradiciones. De allí, me sentí contenta de que el mundo nos pusiera a disposición
cuatro ruedas para movilizarnos. Quería un baño de agua caliente, aunque había podido
vivir sin ello durante algunos días. Claro que cuando uno se enfrenta a ciertas
carencias se da cuenta de que puede vivir sin algunas cosas, aunque por cierto,
no me castigo por haber deseado un baño de agua caliente y alguien que me lleve
nuevamente al hostel para poder conectarme a la civilización. En estas
instancias una recuerda que puede vivir con mucho menos, aunque claro, los parámetros
de los mas y los menos son tan personales como la identidad que nos ha sido
otorgada.

Como comprobaste que la pelota dobla? No me digas que también sabés pegarle con rosca!
ResponderEliminarMi amor me hiciste llorar!!Me identifico mucho con algunas cosas que sentis..q ganas de estar ahi contigo!! te extraño muchisimo!!
ResponderEliminarTE QUIERO!!
Nunca vivi esa sensación de paz que describis me parece, evidentemente voy a tener que hacer esa travesía algún día. Y tmb me llamo la atención que ahora no solo tenes dotes de escritora, sino que también sos futbolista y la haces doblar en la altura (a la pelota obvio, aclaro para que no te vengan miles de pensamientos impuros a la mente jaja)
ResponderEliminar