"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC


viernes, 1 de junio de 2012

Encuentro poco feliz


Encontrarse con el viejo en medio de un viaje que se supone que esta moldeando el temple es como mirar una película y que el protagonista se muera en el final. Y se parece bastante a una película de terror.
El tedio de la historia llega a su climax cuando finalmente el susodicho termina poniendo sobre la mesa, todas las cartas que se había estado guardando para el final del juego y bien cargado, la aplasta como a un insecto que se posa sobres la medialunas que llevas a la quinta el fin de semana.
A continuación, acomoda la gola y comienza a exponer los verdaderos pensamientos que lo atormentan, creando una imagen de la persona que cree tener como hija. Básicamente ha creado en cuestión de segundos un ser de los que dan pena en las historias más dramáticas de la literatura. Una persona totalmente perdida, sin aspiraciones, con unos cuántos caramelos de menos en el frasco que alguna vez, según profesa, se dará cuenta de que está meando fuera del tarro.
Desperdiga preocupaciones en tono de acusación y le asegura el rotundo fracaso en todos sus emprendimientos esperando que reflexione y se haga cargo de un estilo de vida que le han puesto a disposición.
Reprocha elecciones que no importa cómo ni porqué, han sido tomadas por ella, pero cuyos medios han sido producto de alguna manera, de la financiación de sus propias arcas. Como si de alguna manera el vil metal fuera suficiente para moldear los destinos conforme a sus preceptos.
No admite felicidades creadas a base de simplicidad y carentes de aspiraciones grandilocuentes, pero intensas en emoción y búsqueda.
Emite rezos por su provenir, como si el final no pudiera encontrarla a a la vuelta de la oficina, vacía, llena de angustias y de miedos.
Y claro, esto más que una película, es un corto, en cuestión de segundos la catarsis emocional en un tono demasiado elevado para el silencio de la noche culmina con la frase célebre "vos te creés que sos la dueña de la verdad".
Los problemas generacionales e ideológicos son insalvables y las elecciones personales deberían incluirse al listado de "temas de los que no se discuten en la mesa", a veces es imposible. Lo que queda después, aplicar el Laissez Passer y preparar el mate.

jueves, 31 de mayo de 2012

Foto de la impotencia - Cuzco


Teresa era la niña que atendía el hostel durante el turno diurno. Las características de infante están únicamente vinculadas a su condición etaria. Teresa no está sola, se encuentra siempre acompañada de sus dos hermanas, Natali y Rosa, y un pan de unos cuántos meses bajo el brazo. Tienen 15, 9 y 11 y sus ojos dejan entreveer una historia de infancia profanada.
Teresa limpia, atiende el teléfono, negocia tarifas con huéspedes encarnizados en obtener rebajas, carga con las culpas de malas instalaciones, vecinos fachos y las carencias de agua en el lugar. Y en medio de todos estos meollos le da el pecho a su bebé.
Sus hermanas van al colegio y realizan sus tareas mientras mecen al niño en los momentos en que Teresa se encarga de alguna de sus tantas ocupaciones. A ella jamás la vi tocar un libro durante mi estadía en el lugar.
Teresa tiene la piel tersa y las manos pequeñas pero la mirada y la voz endurecidas. Es la demostración de niñez corrompida, adolescencia coartada y madurez repentina. Es una mujer que ha crecido de golpe entre sueños del algodón y realidades de hogar ajeno.
Teresa trabaja dobles turnos para cubrir ausencias y duerme junto a su retoño en un colchon tirado sobre la fría sala de recepción.
Una noche, de aquellas en las que el sueño nos atrapa tan profundo que ni el sonido más alarmante pudiera despertarnos, Teresa cae en las garras del Morfeo y no escucha el timbre sonar. Intento una y otra vez pero nadie contesta. Me dirijo al segundo hostel de esta "gran cadena" y solicito al encargado que me abra la puerta. Se niega y me insta a volver a intentarlo. Segunda oportunidad, nada. Teresa sigue inmersa en las profundidades de quién sabe que esperanza.
Vuelvo nuevamente al otro recinto, recibo algunos desaires, entro casi en un estado de cólera, arremeto contra el anodino sujeto por obligar a una niña a trabajar tan intensamente a pesar de sus alertas por su estado de cansancio.
Finalmente algún huesped se apiada de mi y abre la puerta del lugar. Esa fue la última noche que vi a Teresa.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Las extrañas y poderosas fuerzas centrípetas – Cuzco



Día de lluvia en épocas secas en Cuzco. Marco perfecto a "uno de esos días". ¿O será al revés? ¿Humor supeditado a las condiciones meteorológicas?. Tengo mis motivos para descartar ésto último y alegar dicha sensación a otras cuestiones, cuestiones con una segura explicación lógica, pero con un alto contenido emocional. ¿Por qué no tenemos un cartel como en las películas? Algo así como un alerta en donde se exprese “persona cargada de contenido emocional”. Eso prepararía a nuestros interlocutores y nos haría sentir menos culpables en caso de situaciones no deseadas.

Como esto no ocurre, estoy bastante convencida de que hay algo de alineación de los astros en la ardua tarea de moldear nuestros destinos y personalidades. “Esto tenía que pasar por algo”.
Todo lo que ocurre y lo que no, lo que somos y lo que no, es parte de lo que nos toca en suerte. Aunque, por ahi está tambien la elección, como para conventirnos de alguna forma en forjadores (responsables y culpables) de nuestras propias alegrías y desgracias. Somos también lo que elegimos y lo que no. Somos la sombra de lo que dejamos atrás y el fiel reflejo de nuestros aciertos y desaciertos. Híbridos producto del destino y la voluntad.

Y como si esto fuera poco, el ser viene inevitablemente ligado al perecer y entonces, la vida, se transforma en el lapso que transcurre entre dos hitos. El primero, feliz y sinónimo de buenos augurios, el segundo, triste y efímeramente inmortalizador. Y en el medio de ello, la vida, única y sencillamente un trozo de tiempo que nos ha sido cedido en un frasco alquilado. Un cuerpo ocupando un espacio prestado.
Somos millones de envases perecederos con unos cuantos minutos a cuenta y una entrada gratis al mas maravilloso espectáculo de la tierra.
Entonces, si la tierra no es nuestra ¿cómo nos hemos encadenado a ella? ¿quién ha tenido el poder de construir lazos tan fuertes?¿quién nos ha dado el privilegio de apropiamos del espacio en nuestro afán de crear efímeras seguridades?¿Voluntad, destino, una extraña combinación de ambas?

Voy a aceptar la entrada gratis, y me hago responsable (o no) de lo que pase y lo que no. Al fin de cuentas, ya me gasté varios minutos y cada vez me quedan menos. A lo mejor llego para el segundo acto.


martes, 29 de mayo de 2012

¿Cantando? bajo la lluvia. Aguas Calientes/Machu Picchu


Dicen que el tiempo es una convención, un artificio. Entonces, las medida de las horas que trabajamos y los años que vivimos no son negociables ni cuestionables. Lo que sí creo es que dificilmente puedan robarnos la sensación del tiempo, sensación con la que cargamos al punto que se trasnforma en un responsabilidad.
¿Qué hacer frente a la proyección de dos situaciones antagónicas? ¿La píldora roja o la azul?. Por un lado, el minuto eterno frente al despliegue del mundo mientras camino, la detención del tiempo cada vez que al crepúsculo un sin fin de estrellas se alzan en lugares en donde la luz es sólo un reflejo del astro supremo. Por otro lado el lento y pesado transcurrir del tiempo alejada de los seres queridos, de algunos objetos momentáneamente abandonados, de rituales monótonos que alegran el corazón y de algunas estabilidades cuestionadas pero dejadas por ahí, como por las dudas.
Sin dudas, conocer una de las maravillas del mundo valió la pena. Aunque lo glorioso del asunto fue darme cuenta de que no sabía absolutamente nada de todo aquello (pagar guía para obtener un cacho de cultura fue una de las peores inversiones de mi vida: el saber se paga y por eso mismo no debí haber regateado el precio de la visita guiada ¿?).
Eso me deja una vez el sinsabor de la maldita racionalidad limitada, de saber que se y que no se y el consuelo de saber que la culpa de esto la tiene otro (salida fácil frente al sentimiento de impotencia).
Y es que así somos, una gran ensalada de estímulos cuyo producto real no es mas que un humilde y deformado reflejo de éstos.
Sentada bajo un árbol, sólo espero que la lluvia pare para poder volver al camping y añoro un poco de legibilidad sobre este papel desteñido para la posteridad. Mis planes de ir al mercado de abastos por algunos vegetales y queso que me sirvan del primer gran banquete de los últimos 3 días, se ven supeditados a la voluntad de la naturaleza. Y es que caminar bajo la lluvia nunca me ha resultado un problema, pero una única muda de ropa, una toalla que ya no está secandose bajo el sol y ni un solo pañuelo para hacer un poncio pilato han hecho descartar dicha posibilidad.
Enfrente hay un bar. Unos cuantos soles por un plato de comida caliente resulta un plan tentandor. Voy a desestimar la opción. Dudo si es a causa del desvío de presupuesto que causaría dicha inversión o si es el embrujo del agua acrecentando el caudal del río que me tiene como bajo una hipnósis severa.
Entonces mejor espero, porque como vulgarmente se dice siempre que llovió paró. Bueno sería que en algún momento salga el sol. El arcoiris siempre es un magnífico espectáculo y talvez, quién sabe, me encuentre en el final del mismo con un cofre de monedas de oro que me ayude a financiar el viaje.  



Crónica de la fiesta del Colquepata y otras “yerbas” - Copacabana


De la fiesta del Colquepata

Llegar a una ciudad en medio de una festividad local tiene sus pros y sus contras. Lo malo, el despliegue de artificios para conseguir alojamientos baratos, lo bueno, el resto.
Engalanados con sus disfraces harto coloridos, hombres y mujeres de largas trenzas danzaban al ritmo de trompetas y tambores. Innumerables demostraciones de entrega al Santo del Colquepata y a la Pachamama se alzaban con una Paceña en mano en rituales que no distinguían edad.
Y es lógico que una fiesta que comienza un sábado a la mañana y termina un domingo por la noche traiga como resultado a ebrios consuetudinarios y kilos de felicidad por doquier. Quien diría que un pueblo tan oprimido pudiera ser capaz de llenarse el corazón con tanta alegría (ayudados en virtud de verdad por algunos cuantos litros de cerveza). Compartían su felicidad con quien se les cruzase y eran extremadamente dadivosos con sus tragos.
La noche finalizaba con una exhorbitante performance del grupo Sombras al ritmo de “La ventanita del amor” y los pasos desdibujados de los excelsos bailarines se borraban con nuevas ofrendas a la tierra. Llegado semejante punto cúlmine de la noche, era hora de irse a dormir, jóvenes y adultos intentaban volver a sus casas o alojamientos, aunque eso les demandara toda la noche. Nadie estaba a salvo de los embrujos de los brevajes de turno. Lejos estaba de poder sentir el cuadro típico de acusación femenina a su pareja. No era el caso, la fémina no cargaba insultos contra su partenair por su lucha encarnizada por mantenerse erguido en sus dos piernas. Por el contrario, era difÍcil definir quién oficiaba de bastón a quién. La imagen resultaba en algún punto conmovedora (quizas mi corazón lleno de rubia felicidad había logrado sensibilizarme), caminaban lento, sosteniendose el uno al otro, como buscando constantemente el equilibrio, evitando ser ofrenda de la tierra a la que ya le habían dado suficiente.

Y otras yerbas....

Copacabana es una ciudad en donde la cultura local se mezcla con los fugaces matices de los forasteros, y sin dudas uno de los destinos preferidos de la hippeada argenta. Un buen número de individuos dispuestos a juntar unas monedas y a vivir al límite. Su carne pegada a los huesos es una elección, seres normales embebidos en un disfraz harapiento.
En tertulia con uno de ellos, en uno de mis intentos por escaparme un poco de la dinámica de un viaje que resonaba extraño para mí pero que había aceptado tácitamente, recibí un ¿sabio consejo?. Un muchachito (de la hippeada de la que venía hablando) me pregunta – ¿y vos de donde sos? -, de Campana pero vivo en Belgrano. - Aaaah, (…) yo a vos te vendo todo – (cara de nada), - te tenés que vestir mas hippie – (está bien que mi buzo de flashdance no era de lo mas zaparrastroso que guardo en la mochila, pero tengo prendas que podrían resultar ciertamente encantadoras para algún caminante de los de este estilo). Que bien, pensé, si es que vengo escapando del código de vestimenta del sistema para que “vestirme de hippie” sea el camino que tengo que tomar. Y es que el marketing no duerme
El camino tiene de todo, personas que ahondan en el sentir, hippies con polvo para la nariz en sus morrales . El viaje te encuentra con quienes sobreviven, con quienes viven, con profundidades y superficialidades.
Mientras tanto, mis disfraces y antifaces siguen guardados en el placard.  


viernes, 4 de mayo de 2012

Breve paréntesis II. Puno


No estoy muy segura de porque se me ocurre nombrar a los relatos carentes de descripción demo geográfica “Breve paréntesis” imagino que tiene que ver con el hecho de que en principio, el blog fue creado con la intención de confeccionar breves reportes acerca de las principales características del lugar en donde me encontrase y algunas sensaciones personales vinculadas con el contacto con el lugar de turno. Entonces, los breves paréntesis nada tienen que ver con esta primogénita intención.
Es claro el hecho de que los sentimientos mas profundos me los voy a guardar para mi, tal vez porque hasta ni siquiera se como transmitirlos, tal vez como manifestación de los únicos resabios de privacidad que quedan cuando uno comienza a vivir al estilo mochilero.
Entonces, luego de haberme aclarado las ideas y terminar entendiendo que este “diario” resultara un verdadero cocoliche, retomo el hilo conductor que me lleva a escribir estas palabras.
Caminando por Puno, mi compañero de turno se queja porque Puno no tiene mucho que ofrecer, ¿no tiene mucho que ofrecer? le pregunto, puede ser, todo depende,- ¿depende de que?- De lo que busques en cada lugar al que llegues.
Si, es verdad que Puno no tiene grandes atractivos turísticos per se pero aun aquellos lugares que si lo tienen pueden dejarte nada si la predisposición no acompaña.
En mi caso en particular, todavía no encuentro lo que busco, me pregunto a veces si lo estoy buscando correctamente., aun no logro cruzarme con demasiados espíritus combativos, seres con ilusiones y esperanza de cambio. Y el problema no es que existan espectadores del mundo, el problema soy yo sintiéndome una espectadora.
Probablemente tenga que ver con las expectativas que uno pone acerca de sus sueños. Cuando ese sueño se convierte en realidad simplemente ya no es sueño y si hasta viajar se puede convertir en la rutina mas atemorizante. Hay mucho de cierto en que la realidad de cada uno esta ligada a la realidad que le ha tocado en suerte, los estímulos externos, las experiencias vividas, aunque también creo que afortunadamente queda un poco de posibilidad en construir una mejor.
Entonces hoy registro, observo, estoy dentro de la burbuja, mi pequeño mundo, el de una persona que viaja y que no importa cuan parecido a lo que imaginaba sea, se llena de felicidad por cada nuevo estimulo recibido. Esperando, siempre esperando, algo que, quien sabe si llegara, aunque pensando también que nada llega si así no se lo desea.
Y si, la burbuja tiene un tiempo de vida efímero, lo bueno es que todavía contamos con suficiente agua y detergente para crear otras nuevas.


jueves, 3 de mayo de 2012

Inmensidad que ahoga - Arequipa/Cañon del Colca


Finalmente despegue del nido. Ahí estaba, sentada en una cama, sola en un hostel lleno de gringos. Afortunadamente me toco compartir habitación con dos inglesas Katie y Anne Marie quienes comprendieron mi ingles no practicado por años rápidamente.
Junto con ellas y con dos argentinos (una de ellas coterránea…ambas queriendo como escapar de nuestro lugar por un rato nos cruzamos con objetivos similares en una historia que podría titularse from Campana to Arequipa) decidimos contratar un tour hacia el canon del Colca.
No hay palabras para describirlo y tal como lo diria Rainer Maria Rilke en sus cartas a un joven poeta  “ La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables, y ocurren en un recinto que jamás oyó palabra alguna” y es así, el cañón es un lugar mágico, que invitar a observar esforzándote por guardar en la retina cada una de las imágenes, a oír cada sonido, a respirar cada gramo de aire.
El primer tramo no fue difícil, caminamos durante 4 horas por un sendero en bajada hacia un pueblo llamado San Juan, estaba de buen humor y hasta cantaba. Llegamos alrededor de mediodía, estábamos cansados y teníamos hambre. Ofrecí a nuestros guías a preparar el almuerzo con ellos (extraño mis actividades culinarias de a ratos). Afortunadamente todos los integrantes del grupo se ofrecieron a participar (si fue buena voluntad u obligación moral lo desconozco y hasta creo que no me importó demasiado)
Comimos (el arroz es infaltable en las mesas peruanas por cierto y si bien no me molesta, estoy empezando a ganarle un poco de antipatía, aunque creo poder vivir con ello durante un tiempo prolongado antes de que mi cuerpo comience a pedirme un respiro)
La noche cayo temprano, cenamos a las 7 de la tarde, solo restaba descorchar la botella de Pisco que gentilmente nuestro guía nos había regalado y contemplar las estrellas. Es la segunda vez en la vida que logro contemplar la inmensidad del cosmos, miles des estrellas desplegándose frente a nuestros ojos, solo montañas y el resonante sonido del rio. Definitivamente la sensación es inexplicable, es un hondo y profundo sentir, cada respiro es profundo, nostálgico y feliz. Mientras allá afuera el mundo seguía andando a un ritmo desenfrenado, nosotros congelábamos el tiempo por un instante en un silencio que se hacia una única melodía junto con el rio.
La noche termino y nos fuimos a dormir con el combustible necesario para mantenernos cálidos durante del resto de la noche andina.
Al siguiente día bajamos hacia el oasis, un verdadero paraíso sin dudas. Sabias fueron las palabras de Mariano, uno de nuestros compañeros de grupo, el cual dijo algo así como “debemos haber sido demasiado buenos en alguna otra vida para merecernos esto”” y era mas que acertado. Por una pequeña cantidad de soles habíamos accedido al paraíso. Pileta, palmeras y otra vez la montaña. Tuvimos la fortuna de terminar nuestro pisco y degustar unas exquisitas cuzqueñas (rubia de la que ya me estoy enamorando) e incluso jugar un picadito mixto a mas de dos mil metros de altura. Afortunadamente ya había mascado la suficiente coca para no sentirme cansada y hasta pude confirmar que las alturas la pelota si dobla.
El último día debíamos subir nuevamente. Me sentía mal, no quería caminar y solo estaba empecinada en quedarme ahí mirando la montaña, sin agotarme con la empinada subida, sin tener que demorar al grupo ni tampoco agotarme por mantener un ritmo álgido y constante, solo quería que se terminara, tuve la sensación de la falta de aire y me sentía cansada y aturdida. Y entonces paraba, miraba la montaña, todo eso era para mi y por algún motivo no podía disfrutarlo. Me senté, respiré hondo, delante mio venia Alicia, una italiana increíblemente inteligente y cordial, llevaba un paso lento pero constante, no hablaba, simplemente caminaba, concentrada en su ritmo, era tranquilizante verla. No creo que lo haya notado pero me inspiro la paz suficiente para seguir adelante. Y solo eso, solo su caminar, su energía, hizo que de alguna manera sin que lo notara, me dejara una enseñanza que en mi caso es importante, considerando mis problemas de ansiedad.
Finalmente llegamos a la cima, estaba feliz y toda la gente que me rodeaba se sentía contenta. La caminata había sido intensa pero había valido la pena cada uno de los pasos andados. El colca es un valle en medio de la aridez que despliega casi el final del cordón andino. El verde y los campos de trigo realzan las casas de adobe de cada uno de los pueblos que se erigen en sus alrededores.
Terminamos nuestra caminata con un gran desayuno en Chivay, un pequeño pueblo donde conservan casi autóctonas las tradiciones. De allí, me sentí contenta de que el mundo nos pusiera a disposición cuatro ruedas para movilizarnos. Quería un baño de agua caliente, aunque había podido vivir sin ello durante algunos días. Claro que cuando uno se enfrenta a ciertas carencias se da cuenta de que puede vivir sin algunas cosas, aunque por cierto, no me castigo por haber deseado un baño de agua caliente y alguien que me lleve nuevamente al hostel para poder conectarme a la civilización. En estas instancias una recuerda que puede vivir con mucho menos, aunque claro, los parámetros de los mas y los menos son tan personales como la identidad que nos ha sido otorgada.