Hace unos días, llegó al hostel un contingente de colombianos en plan de vacaciones. El grupo de caleños, con la salsa en la sangre, arremetieron con Máncora y se encargaron de hacer de sus noches un continuo de fiestas alocadas.
Dentro del grupo, un personaje destacado, perfil de engominado y de don juan. De esos que buscan llevarse las luces de las cámaras y dejan en un segundo plano a todo aquel que lo rodea.
Y como no estamos lejos de los estereotipos, este personaje Chayanezco cayó en principio, en la lupa del contingente de argentinos que gozan del más profundo perfil musical de viajero hippie.
Un día, rodeados por un fogón que acompañó nuestros más dulces sueños en una noche de playa inmaculado, este personaje logró cautivarnos con su historia sobre cómo la meditación en horarios en los que se practica la brujería lo había llevado a tener que pelear con los demonios mas hijoeputas que habitan los infiernos.
Si la historia era verdad o mentira, no importaba, a través de una oratoria, desmedidamente buena, sin titubear, llena de contenido teórico y captando una vez más la atención del público presente, este personaje que graba clips de video melódico vestido de traje y con una vincha en la cabeza, demostró que hay mucho más allá de lo que se ve.
Explicó batallas contra Belsebú, Satanas y otras tantas legiones de demonios que habitan los reinos oscuros. Describió fantásticamente el exorcismo al que había sido sometido y cómo le habían sellado todos sus mantras energéticos. Relató como había solicitado a su Dios y a su Diablo que hicieran las paces, dejándolo libre de interceder en sus luchas.
Si bien, su relato se enarbola tras una religión, muchas de las cosas que "predicó" pueden apreciarse desde otras perspectivas. Me encontré una vez más con una nueva verdad, su verdad. Y en su verdad y su concepción de las cosas una frase "la única forma de pelear contra los demonios es perder el miedo, conectarse con la fuente, con lo que hay en uno mismo"
"Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades. Y ahí te quiero ver." JC
miércoles, 18 de julio de 2012
Esperar lo inesperado
Domingo cuatro de la tarde. El sol raja la tierra. Una única misión. Vender las benditas fotos que tenía postergadas en el cajón.
Varios fueron los motivos que acompañaron la decisión. Motivos totalmente diversos que acompañaron la iniciativa.
Por un lado, la obligada firma del retiro voluntario como mesera en el restaurant de comida mexicana. Por el otro, Alex y Sabrina, dos franceses que habiendo preparado crepes para vender en la playa, habían logrado un éxito rotundo de ventas en veinte minutos. Finalmente, Martín y Maru, dos compatriotas que viajan en combi haciendo radio y que me dieron el aliento necesario, cual hinchada que aviva a su equipo antes de salir a la cancha.
Mientras iba hacia la playa, sentía el calor, la presión, los gritos de la hinchada. Y muchos pensamientos ¿estás segura de hacer esto? ¿y si no les gusta? ¿que digo? ¿ cómo encaro al desinteresado público de playa?.
De pronto mis pies rozaron la arena. Frío, ansiedad, angustia, miedo. Tragué saliva y recorrí la playa. Los resultados, nefastos. Ni una puta venta. Aunque considerando la poca gente en la playa y lo rápido que me frustré por no haber logrado lo esperado, podría darle una segunda chance.
Las postales quedaron intactas pero surgieron otras cosas, que evitaron que tuviera tiempo de largarme a llorar desconsoladamente como un bebé. Cómo pasó, es anecdótico, pero sintéticamente, terminé obteniendo dos laburos. Uno, con las postales, pero para un local de Máncora, a pedido. Otro para sacar unas fotos a un local y armarles un facebook.
De golpe, el pequeño abanico de posibilidades que visualizaba, se abrió en diez mil pedazos. Aprendí que las fotos se venden mejor en el paseo de artesanos, en dónde la gente está en actitud de compra, que la playa el hit son los productos comestibles ysobre todo, cuando hay disposición, las cosas llegan.
La vida y como se gestan los caminos,dependen de una serie de hechos articulados que se suceden de manera misteriosa y que si estamos lo suficientemente dispuestos, nos sorprenden sin más.
Lo único importante es salir a buscar, no importa qué ni cómo. Simplemente salir. Aprovechar las oportunidades del mundo, ir atando cabos. Estar atentos. Vivir cada una de las dudas. Es en esas vivencia en donde encontraremos las respuestas. Se trata de luchar contra nuestros propios demonios para llegar cada vez más lejos. Para llegar a lugares inóspitos.
Varios fueron los motivos que acompañaron la decisión. Motivos totalmente diversos que acompañaron la iniciativa.
Por un lado, la obligada firma del retiro voluntario como mesera en el restaurant de comida mexicana. Por el otro, Alex y Sabrina, dos franceses que habiendo preparado crepes para vender en la playa, habían logrado un éxito rotundo de ventas en veinte minutos. Finalmente, Martín y Maru, dos compatriotas que viajan en combi haciendo radio y que me dieron el aliento necesario, cual hinchada que aviva a su equipo antes de salir a la cancha.
Mientras iba hacia la playa, sentía el calor, la presión, los gritos de la hinchada. Y muchos pensamientos ¿estás segura de hacer esto? ¿y si no les gusta? ¿que digo? ¿ cómo encaro al desinteresado público de playa?.
De pronto mis pies rozaron la arena. Frío, ansiedad, angustia, miedo. Tragué saliva y recorrí la playa. Los resultados, nefastos. Ni una puta venta. Aunque considerando la poca gente en la playa y lo rápido que me frustré por no haber logrado lo esperado, podría darle una segunda chance.
Las postales quedaron intactas pero surgieron otras cosas, que evitaron que tuviera tiempo de largarme a llorar desconsoladamente como un bebé. Cómo pasó, es anecdótico, pero sintéticamente, terminé obteniendo dos laburos. Uno, con las postales, pero para un local de Máncora, a pedido. Otro para sacar unas fotos a un local y armarles un facebook.
De golpe, el pequeño abanico de posibilidades que visualizaba, se abrió en diez mil pedazos. Aprendí que las fotos se venden mejor en el paseo de artesanos, en dónde la gente está en actitud de compra, que la playa el hit son los productos comestibles ysobre todo, cuando hay disposición, las cosas llegan.
La vida y como se gestan los caminos,dependen de una serie de hechos articulados que se suceden de manera misteriosa y que si estamos lo suficientemente dispuestos, nos sorprenden sin más.
Lo único importante es salir a buscar, no importa qué ni cómo. Simplemente salir. Aprovechar las oportunidades del mundo, ir atando cabos. Estar atentos. Vivir cada una de las dudas. Es en esas vivencia en donde encontraremos las respuestas. Se trata de luchar contra nuestros propios demonios para llegar cada vez más lejos. Para llegar a lugares inóspitos.
sábado, 14 de julio de 2012
Si seulement je pouvais savoir
De acuerdo al calendario gregoriano, hoy se cumple el trimesario de mi viaje. Me pregunto si eso lo convierte en un hecho digno de celebrar.
Para seguir con la trilogía y jugar con la numerología, hace tres semanas que estoy en Máncora.
Entonces mi número es el tres. San Cono en la Quiniela. Santo Protector de los jugadores. Me pregunto que significado tendrá todo esto.
Sin dudas el viaje tiene cierta lúdica encubierta. La vida es una tómbola diría un filósofo contemporáneo. Recorro el tablero del gran juego de la vida atada a la suerte de quien maneja los dados de mis pasos.
Máncora me dio la posibilidad de bajar las revoluciones del trajín de un viaje que venía a diez mil kilómetros por hora y como para promediar una velocidad crucero, me pasé para el otro lado y me instalé en un pueblo a orillas del pacífico.
Conseguí un trabajo de mesera en un restaurant mexicano en donde aprendí el arte de cargar bandejas, atender comensales demandantes, preparar extractos de maracuyá, limpiar heladeras industriales y de yapa, refregar servicios higiénicos. Eso me mantenía entretenida y cubría mis gastos además de dejarme alguna moneda para financiar mi próximo pasaje.
Luego de unos días, me vi obligada a firmar el retiro voluntario sin indemnización debido a que la temporada viene más tranquila de lo proyectado y mantener una mesera adicional genera costos imposibles de cubrir con al escasa demanda.
Esto, que era la excusa perfecta para mantener a mi cabeza alejada de mis demandas internas mientras esperaba la llegada de una amiga del alma, se vio boicoteado por el receso en la actividad laboral y me puso enfrente de mi misma una vez mas.
Yo con todos mis miedos e inseguridades. Yo conmigo misma. Por primera vez me sentí sola, aún cuando vi mucha gente pasar por el hostel durante este último tiempo. Sin la mano cálida de algún bien entendedido de mis estados emocionales y mi funcionamiento interno. Necesité una palmada en la espalda, una palabra de aliento. Los fantasmas de los logros no cumplidos se pusieron nuevamente a la orden del día.
Contra los momentos de desazón que nuestra cabeza crea y hace fluir como el torrente sanguíneo hay poco que hacer. Sólo dejarlos pasar. Y pasan, sin dudas. Se ponen a un costado y se sigue adelante. Y cada estímulo, cada cosa, cada vez, es un volver a empezar.
Y entonces nuevamente me pregunto, que mon avenir?. Si seulement je pouvais savoir.
jueves, 28 de junio de 2012
De balances y balanzas. Máncora
El balance nos mantiene estables. Con un kilo de plomo de un lado y un kilo de plumas del otro nos garantizamos la estabilidad emocional. Anverso y reverso en armonía.
Siempre me costó encontrar el balance. Un poco de contexto y un poco de genética expresada en un temple verborrágico han boicoteado mis reiterados intentos por mantener la calma del espíritu.
En sucesivas ocasiones me pregunté si el equilibrio no es más que el resultado fugaz (fugacísimo, si es que existe dicho superlativo) del constante ir y venir del caos, de un caos capaz de generar los verdaderos cambios. De un caos que en su arremetedor avance, genera sucesivos puntos de inflexión. No me sorprende que los grandes hitos históricos, los grandes cambios, provengan siempre de grandes revoluciones, sangre derramada, para bien o para mal.
Y entonces el equilibrio se encajona entre dos frases antagónicas popularmente conocidas como "después de la tormenta siempre llega la calma" y "la calma que antecede a la tormenta". Por algún motivo no podemos definir una verdad universal al respecto (y aunque como las brujas, creo que las verdades universales no existen, hemos establecido algunas convenciones que así nos lo hacen creer y entonces que las hay, las hay).
Contra el caos, nada podemos hacer, es el gran regidor del universo. Se erige despóticamente sobre cada una de nuestras voluntades que luchan constantemente por eximirse de él.
Este caos existe y debemos conformarnos con las migajas de momentos cuasi subrreales de tranquilidad. La pregunta entonces es ¿como lo transitamos?. Nuestra redención depende de la pequeña cuota de voluntad que nos ha sido otorgada. Quien quiera encontrar el equilibrio deberá conformarse con estar en constante puja con las fuerzas sobrenaturales del caos o, guardarse en una cajita presurizada.
No queda otra cuestión que asumirlo, transitarlo, abrazar su capacidad generadora y gozar de los efímeros momentos de estabilidad, precaria estabilidad.
Siempre me costó encontrar el balance. Un poco de contexto y un poco de genética expresada en un temple verborrágico han boicoteado mis reiterados intentos por mantener la calma del espíritu.
En sucesivas ocasiones me pregunté si el equilibrio no es más que el resultado fugaz (fugacísimo, si es que existe dicho superlativo) del constante ir y venir del caos, de un caos capaz de generar los verdaderos cambios. De un caos que en su arremetedor avance, genera sucesivos puntos de inflexión. No me sorprende que los grandes hitos históricos, los grandes cambios, provengan siempre de grandes revoluciones, sangre derramada, para bien o para mal.
Y entonces el equilibrio se encajona entre dos frases antagónicas popularmente conocidas como "después de la tormenta siempre llega la calma" y "la calma que antecede a la tormenta". Por algún motivo no podemos definir una verdad universal al respecto (y aunque como las brujas, creo que las verdades universales no existen, hemos establecido algunas convenciones que así nos lo hacen creer y entonces que las hay, las hay).
Contra el caos, nada podemos hacer, es el gran regidor del universo. Se erige despóticamente sobre cada una de nuestras voluntades que luchan constantemente por eximirse de él.
Este caos existe y debemos conformarnos con las migajas de momentos cuasi subrreales de tranquilidad. La pregunta entonces es ¿como lo transitamos?. Nuestra redención depende de la pequeña cuota de voluntad que nos ha sido otorgada. Quien quiera encontrar el equilibrio deberá conformarse con estar en constante puja con las fuerzas sobrenaturales del caos o, guardarse en una cajita presurizada.
No queda otra cuestión que asumirlo, transitarlo, abrazar su capacidad generadora y gozar de los efímeros momentos de estabilidad, precaria estabilidad.
viernes, 22 de junio de 2012
Geografías y amores. Chachapoyas
Chachapoyas se ubica en la región de la amazonia peruana, aunque si bien de densa vegetación y excesiva humedad, es la zona donde las sierras centrales terminan y comienza la verdadera selva. Esto lo convierte en un lugar bastante particular en lo que a clima y geografía respecta.
En Chachapoyas tuve la suerte de recorrer bastante en unos dias qe resultaron de extensas caminatas.
Kuelap, por un lado, vestigios de civilizaciones pre incas que no dejan de sorprenderme con sus increíbles habilidades de hidráulica, construcción, ingeniería y sobre todo de espiritualidad. Por otro lado Gocta, dos cascadas de 700 metros de altura que sin dudas no sorprenden a quienes conocemos las Cataratas del Iguazú pero con una caminata que definitivamente vale la pena.
Finalmente Quiocta y Karajías. Las primeras, unas cavernas en donde el agua ha esculpido inmesidad de formas a través de la formación de estalagtitas y estalagmitas de más de tres metros de altura (si consideramos que una de estas crece un centímetro cada 100 años promedio, se trata de cavernas longevas dignas de respetar). Los segundos son unos sarcófagos bien puestos en una montaña empinada que así hubieran sido colocados para el turimo, no puedo imaginarme como llegaron allí.
Para coronar mi estadía en Chachapoyas conozco a Jairo. Una persona única y llena de alegría. Jairo es un lugareño que nos acompañó hasta los sarcofagos. Habia algo en él, tenía un brillo especial en los ojos, una sonrisa con ventanas y las mejillas gordas y curtidas por el sol.
Observé que me miraba y tomando la iniciativa le pregunto -¿tenes novia?-, ¿qué?, me repregunta, -si tenés enamorada- (todavia hay palabras que aun olvido son distintas). -No-, contesta, -¿y no queres ser mi enamorado?- le pregunto. Negativa. Permanecimos un rato alli y antes de irnos lo miro a los ojos y le digo -estoy triste porque no queres ser mi enamorado-. Me miró y se sonrió (sus mejillas ya estaban lo suficientemente curtidas como para darme cuenta si se habia sonrojado) sus amigos reían. Me tomo de la mano como buscando remediar su desplate y me escoloto todo el camino de vuelta asegurandose de que no me sintiera cansada. Me prometió que esperaria a crecer y luego iria a visitarme. Jairo tiene seis y una sonrisa constante, una energía incontenible y una caballerosidad que no le entra en sus escasos centrimetros de altura. Me regaló miles de besos y nos despedimos. Quizás cuando crezca sea distinto del resto, aunque esto simplemente es una expresión de deseo.
En Chachapoyas tuve la suerte de recorrer bastante en unos dias qe resultaron de extensas caminatas.
Kuelap, por un lado, vestigios de civilizaciones pre incas que no dejan de sorprenderme con sus increíbles habilidades de hidráulica, construcción, ingeniería y sobre todo de espiritualidad. Por otro lado Gocta, dos cascadas de 700 metros de altura que sin dudas no sorprenden a quienes conocemos las Cataratas del Iguazú pero con una caminata que definitivamente vale la pena.
Finalmente Quiocta y Karajías. Las primeras, unas cavernas en donde el agua ha esculpido inmesidad de formas a través de la formación de estalagtitas y estalagmitas de más de tres metros de altura (si consideramos que una de estas crece un centímetro cada 100 años promedio, se trata de cavernas longevas dignas de respetar). Los segundos son unos sarcófagos bien puestos en una montaña empinada que así hubieran sido colocados para el turimo, no puedo imaginarme como llegaron allí.
Para coronar mi estadía en Chachapoyas conozco a Jairo. Una persona única y llena de alegría. Jairo es un lugareño que nos acompañó hasta los sarcofagos. Habia algo en él, tenía un brillo especial en los ojos, una sonrisa con ventanas y las mejillas gordas y curtidas por el sol.
Observé que me miraba y tomando la iniciativa le pregunto -¿tenes novia?-, ¿qué?, me repregunta, -si tenés enamorada- (todavia hay palabras que aun olvido son distintas). -No-, contesta, -¿y no queres ser mi enamorado?- le pregunto. Negativa. Permanecimos un rato alli y antes de irnos lo miro a los ojos y le digo -estoy triste porque no queres ser mi enamorado-. Me miró y se sonrió (sus mejillas ya estaban lo suficientemente curtidas como para darme cuenta si se habia sonrojado) sus amigos reían. Me tomo de la mano como buscando remediar su desplate y me escoloto todo el camino de vuelta asegurandose de que no me sintiera cansada. Me prometió que esperaria a crecer y luego iria a visitarme. Jairo tiene seis y una sonrisa constante, una energía incontenible y una caballerosidad que no le entra en sus escasos centrimetros de altura. Me regaló miles de besos y nos despedimos. Quizás cuando crezca sea distinto del resto, aunque esto simplemente es una expresión de deseo.
La gente brota por doquier. Chachapoyas
Lo bueno de viajar en bus durante tantas horas es poder disfrutar de distintas geografías. mientras una anda, paisajes y pueblos se erigen a la vera del camino. A veces estos pueblos son tan pequeños que uno llega a contar las casas mientras el bus los deja atrás.
En estos pueblos, el amor o el instinto, hacen brotar nuevas vidas. Almas que viven con mucho menos de lo que "los civilizados" estamos a acostumbrados a tener. Almas que nacen con el privilegio de contemplar miles de estrellas y que ponen el cuidado de sus días en manos de los apus.
Valorar las estrellas es una de nuestras mayores cualidades, nacidos en ciudades cuyas luces se pierden y confunden entre los astros tapados por densas nubes de smog, jamás podremos ver el despliegue de semejante espectaculo en la selva de cemento.
Me pregunto si eso, que es de alguna manera objeto de nuestra envidia, no es para ellos mas que un escenario, una verdad otorgada que se encuentra allí, de manera estática y casi invisible ante sus ojos.
Porque aún cuando el destino se hubiera encargado de hacernos nacer en aquel lugar que consideramos el más encantador del mundo ¿podríamos valorarlo tanto si fuese lo único que conocemos?.
Quienes han nacido en lugares en donde la naturaleza te saca el aire, son sin duda privilegiados. Tienen el privilegio de no conocer la mierda de la gran ciudad, pero de algun modo carecen de la capacidad de elección. Han brotado allí, como brota una semilla en tierra fértil y muchos de ellos morirán allí, cerrando el ciclo de manera perfecta, formando uno con el paisaje, para siempre.
Si serán mas o menos felices de quienes hemos tenido el mal designio de haber nacido en estas selvas de cemento, no lo sabemos. Lo que es casi seguro es que no tengan la posibilidad de elegir vias alternativas de felicidad.
Serán felices por lo que les ha sido otorgado, por haber sido puestos en lugares alejados de la envidia y la ley de la supervivencia del mas apto, pero será una felicidad sin elección. Vivirán su vida tal como les fue otorgada, como saben vivirla, lejos de la capital, afortunada o desafortunadamente.
En estos pueblos, el amor o el instinto, hacen brotar nuevas vidas. Almas que viven con mucho menos de lo que "los civilizados" estamos a acostumbrados a tener. Almas que nacen con el privilegio de contemplar miles de estrellas y que ponen el cuidado de sus días en manos de los apus.
Valorar las estrellas es una de nuestras mayores cualidades, nacidos en ciudades cuyas luces se pierden y confunden entre los astros tapados por densas nubes de smog, jamás podremos ver el despliegue de semejante espectaculo en la selva de cemento.
Me pregunto si eso, que es de alguna manera objeto de nuestra envidia, no es para ellos mas que un escenario, una verdad otorgada que se encuentra allí, de manera estática y casi invisible ante sus ojos.
Porque aún cuando el destino se hubiera encargado de hacernos nacer en aquel lugar que consideramos el más encantador del mundo ¿podríamos valorarlo tanto si fuese lo único que conocemos?.
Quienes han nacido en lugares en donde la naturaleza te saca el aire, son sin duda privilegiados. Tienen el privilegio de no conocer la mierda de la gran ciudad, pero de algun modo carecen de la capacidad de elección. Han brotado allí, como brota una semilla en tierra fértil y muchos de ellos morirán allí, cerrando el ciclo de manera perfecta, formando uno con el paisaje, para siempre.
Si serán mas o menos felices de quienes hemos tenido el mal designio de haber nacido en estas selvas de cemento, no lo sabemos. Lo que es casi seguro es que no tengan la posibilidad de elegir vias alternativas de felicidad.
Serán felices por lo que les ha sido otorgado, por haber sido puestos en lugares alejados de la envidia y la ley de la supervivencia del mas apto, pero será una felicidad sin elección. Vivirán su vida tal como les fue otorgada, como saben vivirla, lejos de la capital, afortunada o desafortunadamente.
Cortito y al pie. Trujillo y Cajamarca
Trujillo y Cajamarca me dejaron sin demasiada energía para escribir siquiera una línea. Y es que la dinámica del viaje se ha tornado un tanto intensa. Entonces la escritura no es más que un listado incoherente de recordatorios de fechas y lugares.
Ahora, partiendo hacia Chachapoyas, el viaje de catorce horas invita a utilizar todos los recursos con los que cuento (escasos pero suficientes) para que la sensación de tiempo sea (balanza a mi favor) suavemente ligera.
Y entonces de Trujillo no hay demasiado que decir, aunque el dato de color radica en lo poco que gasté dado el gentil hospedaje de una lugareña.
El costo, aprender a lidiar con su niña de 6 años que bien había sido bautizada con el nombre de Samara. Si bien no físicamente parecida al poco encantador personaje de La llamada (The Ring). Aquella que salía de una especie de aljibe con miles de liquidos vizcosos y de tonalidad verduzca en su semblante, a veces se nos aparecía en el cuarto en medio de la madrugada, lento, como midiendo nuestra respiración, se daba media vuelta y se iba tornando la situación un tanto aterradora.
A pesar de este literalmente pequeño detalle Trujillo resultó una mezcla entre el acercamiento a la cultura pre inca en las ruinas de Chan Chan y las Huacas del Sol y de la Luna y el ocio de encontrarse tiradas en las playas de Huanchaco tomando unas chelitas.
Por otro lado Cajamarca. Un pueblo encantador.El mismo se erige en un valle entre las sierras del centro del Perú.
LLegamos a Cajamarca en medio de una huelga que había comenzado hace 15 días. El pueblo (y claro que cuando digo el pueblo es el pueblo lo más pueblo del pueblo) se había proclamado en contra del Proyecto Conga (una explotación minera de capitales estadounidenses para obtener oro, cobre y según algunos otros uranio). Claro que en Cajamarca la minería no es novedad ya que Conga se uniría a la explotación ya existente de Yanacocha.
Entonces al grito de "si no hay solución habrá revolución", los ciudadanos de Cajamarca y sus alrededores esperaban con manifestaciones pacíficas en la playa la llegada de su alcalde, que se encontraba de tour por Europa (deconozco si eran cuestiones vinculadas a diplomacia, por ocio, o quizás ambos).
Lo destacable de la situación es que la minería sólo emplea al 10% de la población en Cajamarca y contribuye cpn un 20% al total de los ingresos de la región, ocupando el tercer puesto luego de la ganadería y el turismo.
Estos datos como también lo es la tan conocida historia de las multinacionales agotando recursos en tierras ajenas y llevandose dinero en costales a sus casas matrices resultan un tema de discusión que pasa a segundo plano cuando la estrella de los requerimientos del pueblo no es ni mas ni menos que el agua.
Los cajamarquinos no quieren que el agua se trasnforme en el trasnporte de los elementos de su destrucción, buscan evitar otro medio de sometimiento, de aniquilamiento de la tierra y la humanidad. Algo tan básico que genera impotencia ver como deben alzarse en la lucha por algo que simplemente les pertence.
Me voy y la lucha sigue. Desde la ruta en plena madrugada, veo unas luces que se destacan en la oscuridad de la noche, se percibe una aureola con una tonalidad de un naranja intenso que ilumina el cielo y los alrededores de modo demoniaco. Es la mina de Yanacocha, que trabaja sin descanso y sin piedad.
Ahora, partiendo hacia Chachapoyas, el viaje de catorce horas invita a utilizar todos los recursos con los que cuento (escasos pero suficientes) para que la sensación de tiempo sea (balanza a mi favor) suavemente ligera.
Y entonces de Trujillo no hay demasiado que decir, aunque el dato de color radica en lo poco que gasté dado el gentil hospedaje de una lugareña.
El costo, aprender a lidiar con su niña de 6 años que bien había sido bautizada con el nombre de Samara. Si bien no físicamente parecida al poco encantador personaje de La llamada (The Ring). Aquella que salía de una especie de aljibe con miles de liquidos vizcosos y de tonalidad verduzca en su semblante, a veces se nos aparecía en el cuarto en medio de la madrugada, lento, como midiendo nuestra respiración, se daba media vuelta y se iba tornando la situación un tanto aterradora.
A pesar de este literalmente pequeño detalle Trujillo resultó una mezcla entre el acercamiento a la cultura pre inca en las ruinas de Chan Chan y las Huacas del Sol y de la Luna y el ocio de encontrarse tiradas en las playas de Huanchaco tomando unas chelitas.
Por otro lado Cajamarca. Un pueblo encantador.El mismo se erige en un valle entre las sierras del centro del Perú.
LLegamos a Cajamarca en medio de una huelga que había comenzado hace 15 días. El pueblo (y claro que cuando digo el pueblo es el pueblo lo más pueblo del pueblo) se había proclamado en contra del Proyecto Conga (una explotación minera de capitales estadounidenses para obtener oro, cobre y según algunos otros uranio). Claro que en Cajamarca la minería no es novedad ya que Conga se uniría a la explotación ya existente de Yanacocha.
Entonces al grito de "si no hay solución habrá revolución", los ciudadanos de Cajamarca y sus alrededores esperaban con manifestaciones pacíficas en la playa la llegada de su alcalde, que se encontraba de tour por Europa (deconozco si eran cuestiones vinculadas a diplomacia, por ocio, o quizás ambos).
Lo destacable de la situación es que la minería sólo emplea al 10% de la población en Cajamarca y contribuye cpn un 20% al total de los ingresos de la región, ocupando el tercer puesto luego de la ganadería y el turismo.
Estos datos como también lo es la tan conocida historia de las multinacionales agotando recursos en tierras ajenas y llevandose dinero en costales a sus casas matrices resultan un tema de discusión que pasa a segundo plano cuando la estrella de los requerimientos del pueblo no es ni mas ni menos que el agua.
Los cajamarquinos no quieren que el agua se trasnforme en el trasnporte de los elementos de su destrucción, buscan evitar otro medio de sometimiento, de aniquilamiento de la tierra y la humanidad. Algo tan básico que genera impotencia ver como deben alzarse en la lucha por algo que simplemente les pertence.
Me voy y la lucha sigue. Desde la ruta en plena madrugada, veo unas luces que se destacan en la oscuridad de la noche, se percibe una aureola con una tonalidad de un naranja intenso que ilumina el cielo y los alrededores de modo demoniaco. Es la mina de Yanacocha, que trabaja sin descanso y sin piedad.
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